La clave:
- Una empresa europea puede empezar a notar las consecuencias de la cumbre de los BRICS mucho antes de que cambie el orden mundial: en la financiación que ofrece un competidor, en la moneda que propone un cliente o en la tecnología que incorpora una fábrica.
- La reunión de Nueva Delhi refuerza la voluntad de las economías emergentes de ampliar sus alternativas y ganar influencia. Su alcance dependerá de cuánto de esa cooperación termine convirtiéndose en una ventaja para hacer negocios.

Resumen ejecutivo
🟢 La cooperación tiene una base real. La financiación en monedas locales y los avances en coordinación económica muestran que los BRICS disponen de instrumentos para desarrollar su agenda.
🟡 Los acuerdos avanzan a distintas velocidades. Las iniciativas sobre aduanas, cadenas de suministro y pagos necesitan concretarse antes de generar beneficios generalizados para las empresas.
🟡 El dólar conserva su posición dominante. El uso de otras monedas puede crecer en determinadas operaciones sin desplazarlo del centro del sistema financiero.
🔴 Europa debe prestar atención a su posición competitiva. La combinación de financiación, tecnología y relaciones comerciales podría reforzar a sus competidores y aumentar las diferencias entre mercados.
El próximo contrato que pierda o gane una empresa europea podría empezar a decidirse lejos de su departamento comercial. Quizá en un banco que financia al comprador en su propia moneda. Quizá en una fábrica que elige una tecnología y, con ella, a los proveedores que necesitará durante años. O en un acuerdo entre países que facilita a sus empresas trabajar juntas.
Ese es el terreno en el que conviene interpretar la cumbre de los BRICS celebrada en Nueva Delhi los días 12 y 13 de septiembre. Detrás de la fotografía de los líderes y de sus mensajes sobre el orden internacional aparece una cuestión muy concreta: quién será capaz de ofrecer mejores condiciones para producir, financiar y vender.
La reunión dejó un consenso diplomático significativo. Países con intereses enfrentados, como Irán y Emiratos Árabes Unidos, lograron suscribir una posición conjunta sobre Oriente Medio. Conseguirlo demuestra capacidad de interlocución, aunque no permita dar por despejados los riesgos para la energía o el transporte. El Financial Times identifica, además, un elemento que está acercando posiciones: las políticas de Donald Trump están favoreciendo una cohesión que las diferencias internas dificultaban.
Pero la unidad en una declaración es solo el comienzo. La prueba llega cuando hay que convertirla en decisiones que funcionen fuera de la sala de reuniones.
En Nueva Delhi se recogieron avances hacia un acuerdo de asistencia aduanera, condicionado todavía a los procedimientos nacionales. También se respaldó el desarrollo del plan de cadenas de valor 2026–2030, se planteó estudiar un mecanismo de descuento de facturas para pymes y se encargó continuar los trabajos para conectar sistemas de pagos. Son pasos con posible utilidad empresarial. Su madurez, sin embargo, es desigual: firmar, poner en marcha y utilizar un mecanismo siguen siendo cosas diferentes.
La pregunta que merece seguimiento es cuándo esa cooperación empezará a ahorrar tiempo, reducir costes o abrir mercados.
La financiación ofrece una primera pista. Días antes de la cumbre, el Nuevo Banco de Desarrollo —la institución creada por los BRICS— fijó las condiciones de una emisión de 7.000 millones de renminbis en el mercado chino. Sus emisiones acumuladas de bonos panda alcanzaron así los 94.500 millones de renminbis.
No fue un acuerdo cerrado por los líderes ese fin de semana. Fue una operación anterior que muestra la infraestructura financiera sobre la que pueden apoyarse sus ambiciones. El director financiero del banco, Daopeng Fu, destacó la participación de inversores nacionales y extranjeros como respaldo a su capacidad para movilizar recursos.
Para un fabricante de maquinaria o una ingeniería europea, esto tiene una traducción cercana. Imaginemos un cliente que necesita ampliar una planta: comparará las prestaciones y el precio de los equipos, pero también cuánto le cuesta financiar la inversión, en qué moneda se endeuda y cuándo debe empezar a pagar. Un competidor capaz de acompañar su oferta con mejores condiciones financieras puede inclinar la decisión.
También pueden surgir oportunidades para empresas europeas que participen en esos proyectos. Habrá que encontrarlas en las licitaciones y comprobar sus condiciones de acceso. La financiación puede convertirse en una parte cada vez más decisiva del producto que se vende.
El debate sobre las monedas merece la misma mirada práctica. Hablar de desdolarización resulta sencillo; construir una alternativa de alcance mundial exige mucho más.
Según el FMI, en el primer trimestre de 2026 el dólar representaba el 57,13 % de las reservas mundiales de divisas, frente al 20,03 % del euro y el 1,99 % del renminbi. Son datos sobre reservas, no sobre la moneda utilizada en cada operación comercial, pero ayudan a dimensionar la distancia.
El economista Eswar Prasad, junto con Gordon Liao y Tony Zhang, introduce además una posibilidad que cuestiona las previsiones más lineales: algunas innovaciones financieras, como los instrumentos digitales respaldados por dólares, podrían reforzar su predominio. Su investigación también explica que una moneda puede ganar presencia en los pagos sin alcanzar la misma importancia como reserva.
Por eso, el cambio puede llegar de forma más discreta. Un cliente propone pagar en moneda local. Una filial encuentra financiación en la divisa en la que factura. Dos países facilitan determinados intercambios sin recurrir al dólar.
Cada operación tendrá su propia lógica. Para una filial con ingresos y gastos en la misma moneda, reducir desajustes puede resultar útil. Para un exportador que necesita convertir el cobro a euros, la ventaja dependerá de la liquidez, del coste de cobertura y de la disponibilidad efectiva del dinero.
Las decisiones de tesorería seguirán necesitando números, aunque los titulares hablen de geopolítica.
Tampoco todos los miembros de los BRICS persiguen el mismo destino. Chietigj Bajpaee, investigador de Chatham House, destacó antes de la cumbre que India y Brasil dan prioridad al desarrollo y la cooperación económica, mientras China y Rusia atribuyen al grupo una función más geopolítica. También señaló el valor de estos encuentros para facilitar relaciones bilaterales, especialmente entre India y China.
Desde otro ángulo, Judah Grunstein, de World Politics Review, plantea que los beneficios de agrupaciones como los BRICS, aun siendo limitados, ganan importancia cuando el sistema multilateral pierde capacidad de respuesta.
Las dos perspectivas ayudan a entender su continuidad. Los participantes pueden discrepar sobre cuestiones esenciales y encontrar razones para seguir cooperando. Para los próximos años, la trayectoria plausible es una integración selectiva, con avances entre los países y sectores que identifiquen ventajas compartidas.
Esto merece atención en cualquier estrategia de diversificación. Una empresa europea que amplía su presencia en India o Brasil necesita conocer de dónde proceden los componentes de su nueva planta, quién aporta la tecnología y qué entidades financian a sus clientes. El mapa de países cuenta solo una parte de la dependencia.
La propuesta de Xi Jinping de impulsar una industrialización apoyada en inteligencia artificial añade otra dimensión. Su despliegue y las adhesiones deberán verificarse, pero apunta a un ámbito donde las decisiones pueden tener efectos duraderos.
Cuando una fábrica adopta una solución tecnológica, compromete formación, mantenimiento, compatibilidad y futuras ampliaciones. Si la cooperación anunciada favorece la implantación de determinados proveedores, podría influir durante años en las compras industriales de terceros mercados. Para los fabricantes europeos de equipos y soluciones de automatización, conviene observar dónde se están tomando esas decisiones.
Europa aparece también de forma directa en otro frente: el rechazo de los BRICS al mecanismo de ajuste en frontera por carbono, el CBAM. La Unión Europea lo presenta como una herramienta para aproximar el coste del carbono de las importaciones al de la producción europea. Los BRICS cuestionan sus efectos sobre las economías en desarrollo.
Esa discrepancia anticipa un terreno de negociación y fricción. Por sí misma, no modifica las obligaciones europeas aplicables. Para compras, mantiene la necesidad de conocer las emisiones y el coste total de los materiales cubiertos. Para ventas, obliga a entender cómo afectan las distintas reglas a la competencia en cada mercado.
Durante los próximos meses, las señales más reveladoras serán menos vistosas que una fotografía de familia: acuerdos que entran en vigor, bancos que ofrecen servicios utilizables, proyectos financiados y contratos adjudicados. Ahí podrá comprobarse cuánto de lo anunciado empieza a transformar las relaciones económicas.
Una empresa sin filiales puede seguir esas señales a través de sus proveedores y competidores. Una empresa internacionalizada tendrá que incorporarlas también a la financiación, la tecnología y las relaciones comerciales de cada planta.
La influencia de los BRICS puede hacerse visible contrato a contrato. Para la empresa europea, la oportunidad consiste en reconocer esos cambios a tiempo y participar en las relaciones que están tomando forma.
Fuentes: Declaración de Nueva Delhi, Reuters, Financial Times y South China Morning Post; Chietigj Bajpaee en Chatham House, Judah Grunstein en World Politics Review; Nuevo Banco de Desarrollo; COFER del FMI; Liao, Prasad y Zhang; intervención oficial de Xi Jinping; Indian Express, Comisión Europea
Foto: oad-ahead-vKZe1n-4RYo-unsplash
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