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Europa e India han abierto las aduanas. Ahora deben abrir las fábricas

La clave: 

  • El acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea e India puede transformar una de las relaciones económicas con mayor potencial del mundo. Pero reducir aranceles no bastará. El verdadero salto se producirá cuando el comercio se convierta en inversión industrial, tecnología, proveedores locales y empleo.

Tras casi dos décadas de negociación, la Unión Europea e India han cerrado su acuerdo comercial más ambicioso. La Comisión Europea estima que podría llegar a duplicar las exportaciones europeas de bienes a India para 2032.

Sin embargo, el nuevo informe de Bruegel plantea una advertencia decisiva: el acuerdo facilita vender en India, pero todavía no garantiza que las empresas europeas quieran fabricar allí.

Y esa diferencia resulta fundamental.

India dispone de escala, crecimiento, talento y un enorme mercado doméstico. Europa posee capital, tecnología industrial y una necesidad creciente de diversificar sus cadenas de suministro fuera de China. Sobre el papel, el encaje parece perfecto. En la práctica, la inversión industrial europea continúa muy por debajo de lo que cabría esperar.

La razón no está únicamente en los aranceles. Está en la confianza.

🟢 Una apertura comercial histórica. India reducirá o eliminará aranceles sobre bienes que representan el 97,5% de las exportaciones europeas al país. La UE hará lo propio con más del 96% de sus líneas arancelarias.

🟡 Un enorme potencial industrial todavía sin materializar. India crece con fuerza y ofrece rendimientos atractivos, pero la inversión extranjera representa apenas el 0,7% de su PIB, frente al 5,7% de media en ASEAN.

🔴 Falta la pieza que convierte comercio en inversión. El acuerdo no incluye todavía un marco sólido de protección de las inversiones, acceso al mercado manufacturero ni un mecanismo suficientemente predecible para resolver disputas.

La paradoja india: crecer sin industrializarse

India ha seguido una trayectoria distinta a la de otras grandes economías emergentes.

Mientras China construyó su crecimiento alrededor de la industria, las exportaciones y la inversión extranjera, India avanzó directamente hacia una economía de servicios. Tecnologías de la información, telecomunicaciones, finanzas y servicios empresariales se convirtieron en sus grandes motores.

El resultado es una economía dinámica, pero con una base manufacturera relativamente reducida.

La industria lleva más de dos décadas representando únicamente entre el 15% y el 17% del PIB indio, muy lejos del objetivo oficial del 25% y del máximo cercano al 32% que llegó a alcanzar China.

La inversión extranjera refleja ese mismo desequilibrio. Aproximadamente el 60% se dirige a servicios, mientras que la manufactura recibió en 2024 alrededor del 24% del total. Apenas seis puntos porcentuales más que en 2006, pese a una década de políticas bajo el lema Make in India.

India ha atraído capital, pero no siempre el tipo de capital que transforma una economía.

No toda inversión extranjera produce el mismo resultado

Una parte creciente de la inversión que llega a India se concentra en operaciones de capital riesgo, fondos de private equity y adquisiciones de empresas ya existentes.

Estas operaciones pueden impulsar la financiación y el crecimiento corporativo, pero no necesariamente construyen fábricas, crean nuevos proveedores o incorporan tecnología productiva.

Además, cerca del 47% de la inversión registrada procede de centros financieros como Singapur, Mauricio, las Islas Vírgenes Británicas o las Islas Caimán. Parte de esos flujos puede corresponder a capital indio canalizado a través del exterior o a inversiones de terceros países estructuradas mediante plataformas financieras.

La diferencia entre una adquisición financiera y una inversión industrial greenfield es profunda.

Una nueva planta productiva necesita terrenos, equipos, energía, logística, trabajadores, formación, proveedores y servicios auxiliares. Conecta a la multinacional con el tejido empresarial local y genera conocimiento que puede extenderse al resto de la economía.

Por eso, para India, la inversión industrial extranjera no es solamente una fuente de financiación. Es también un mecanismo de transferencia tecnológica, desarrollo de proveedores y creación de empleo formal.

La comparación con China revela la verdadera brecha

China no triunfó únicamente porque atrajera más inversión extranjera. Triunfó porque consiguió integrarla en su sistema industrial.

Las multinacionales que se instalaron en China desarrollaron proveedores locales, formaron trabajadores, introdujeron procesos productivos y, progresivamente, trasladaron también actividades de ingeniería e investigación.

Los datos de innovación recogidos por Bruegel muestran la magnitud de la diferencia.

Menos del 4% de las empresas indias introdujeron recientemente un nuevo producto o servicio. En la industria, la proporción apenas alcanzó el 5,4%. En China, aproximadamente un 35% del conjunto de las empresas y casi la mitad de las manufactureras innovaron.

La brecha en investigación y desarrollo es todavía mayor: únicamente alrededor del 1% de las empresas manufactureras medianas y grandes de India realiza actividades formales de I+D, frente a cerca del 64% en China.

El problema, por tanto, no es solo fabricar menos. Es aprender menos de la inversión que llega.

China logró que muchas multinacionales innovaran dentro del país. India continúa atrayendo principalmente actividades comerciales, servicios tecnológicos y producción basada en innovaciones desarrolladas en otros lugares.

China+1 no conduce automáticamente a India

Durante los últimos años, muchas empresas europeas han comenzado a revisar su dependencia de China. La incertidumbre geopolítica, la competencia de empresas locales, la presión regulatoria y el deterioro de las expectativas de rentabilidad están impulsando estrategias de diversificación.

Pero abandonar una dependencia no significa trasladarla automáticamente a India.

Los países de ASEAN han captado buena parte de esa inversión mediante costes competitivos, acuerdos comerciales regionales, marcos de inversión más previsibles y cadenas de suministro ya operativas.

India recibe actualmente una inversión extranjera equivalente al 0,7% de su PIB. La media de ASEAN se sitúa en el 5,7%.

El mensaje es claro: el tamaño del mercado abre la conversación, pero la facilidad para producir decide la inversión.

Cinco barreras siguen frenando a la industria

El informe identifica un conjunto de obstáculos que explican por qué muchas multinacionales estudian India, pero terminan ampliando capacidad en Vietnam, Tailandia, Malasia o Europa del Este.

El primero es la infraestructura. Aunque India ha mejorado sus carreteras y corredores industriales, persisten problemas de suministro eléctrico, conexiones ferroviarias, logística portuaria y acceso de última milla a determinadas zonas industriales.

El segundo es el suelo. La adquisición de terrenos puede exigir complejos procesos administrativos, evaluaciones sociales y largos periodos de negociación. En algunos estados, los litigios sobre la propiedad pueden retrasar los proyectos entre tres y cinco años.

El tercero es la fragmentación regulatoria. Las normas laborales, fiscales y administrativas varían considerablemente entre estados. Las grandes inversiones estratégicas suelen recibir apoyo gubernamental directo; las empresas medianas, en cambio, deben navegar una estructura mucho más incierta.

El cuarto es el proteccionismo. India mantiene un arancel medio cercano al 17%, frente al 11,5% de Tailandia, el 9,6% de Vietnam y el 5,6% de Malasia. A ello se añade una rápida proliferación de requisitos técnicos sobre bienes intermedios y equipos industriales.

Aquí aparece una paradoja importante: encarecer las importaciones para proteger la producción nacional puede impedir que nazca esa producción nacional. Una fábrica necesita inicialmente componentes, maquinaria y materiales que quizá todavía no se producen localmente.

El quinto obstáculo es la seguridad jurídica. Entre 2016 y 2024, India terminó numerosos tratados bilaterales de inversión. Los estudios analizados por Bruegel estiman que los flujos procedentes de los países afectados cayeron alrededor de un 30% frente a aquellos cuyos tratados continuaron vigentes.

Europa tiene exactamente el capital que India necesita

La Unión Europea concentra casi el 40% del stock mundial de inversión extranjera directa en el exterior.

Además, su especialización industrial encaja con las necesidades de India: automoción, maquinaria avanzada, química, farmacia, energías renovables, equipos eléctricos, automatización y tecnologías industriales.

La inversión manufacturera europea suele aportar algo más que capital. Incluye ingeniería, procesos productivos, certificaciones, formación y redes de proveedores especializados.

No se trata únicamente de construir una planta. Se trata de trasladar un ecosistema.

Europa ya es el principal inversor extranjero genuino en India cuando se excluyen los flujos procedentes de centros financieros. En 2024 representó alrededor del 17% de las entradas, por delante de Estados Unidos, con un 11%.

Pero India sigue siendo solo el octavo destino de la inversión europea en el exterior. Una posición modesta para una economía de su tamaño, crecimiento y potencial.

La contradicción es aún mayor porque las inversiones europeas en India han ofrecido recientemente rendimientos superiores a los obtenidos en Estados Unidos o Reino Unido, los dos principales destinos del capital europeo.

El acuerdo comercial abre el mercado, pero no elimina el riesgo

El nuevo acuerdo reducirá sustancialmente las barreras al comercio.

India eliminará o reducirá aranceles sobre el 92,1% de sus líneas arancelarias, que representan el 97,5% del valor de las exportaciones europeas. La UE liberalizará más del 96% de sus líneas, beneficiando especialmente a sectores indios intensivos en empleo, como textil, calzado, cuero, joyería y productos manufacturados.

El acuerdo incorpora también capítulos sobre servicios, propiedad intelectual, sostenibilidad, regulación y movilidad temporal de profesionales.

Pero no incluye compromisos amplios sobre contratación pública, acceso de la inversión al mercado manufacturero ni protección jurídica de las inversiones.

Por eso continúa pendiente un acuerdo específico de protección de inversiones —el denominado IPA— que establezca garantías frente a expropiaciones, cambios regulatorios, discriminación y conflictos prolongados.

India defiende que los inversores agoten primero los procedimientos judiciales nacionales. Europa busca un mecanismo que permita acudir con mayor rapidez a una instancia internacional independiente. La negociación deberá encontrar un equilibrio entre la autonomía regulatoria india y la seguridad jurídica que necesita el inversor.

No es una discusión jurídica secundaria. Es la diferencia entre exportar productos a India o instalar allí una fábrica durante treinta años.

La oportunidad empresarial: producir para India y desde India

Para las empresas europeas, India ofrece una doble oportunidad.

Por una parte, permite acceder a uno de los mayores mercados de consumo del mundo. Por otra, puede convertirse en una plataforma productiva desde la que abastecer a Asia meridional, el sudeste asiático, Oriente Medio y África.

Algunas compañías europeas de equipamiento industrial, salud y energías renovables ya están utilizando esta estrategia: fabricar localmente para reducir costes y adaptarse al mercado indio, mientras desarrollan cadenas regionales de exportación.

Pero escalar este modelo exigirá avanzar en tres dimensiones: seleccionar cuidadosamente los estados y clústeres industriales, construir proveedores locales y establecer un marco estable para las inversiones a largo plazo.

Las grandes multinacionales pueden negociar directamente con los gobiernos. Las empresas industriales medianas —incluido buena parte del Mittelstand europeo— necesitan reglas generales que funcionen sin depender de acuerdos excepcionales.

Una alianza demasiado importante para quedarse a medias

India necesita crear empleo formal para cerca de diez millones de jóvenes que se incorporan cada año a su mercado laboral. Los servicios tecnológicos pueden absorber una parte del talento más cualificado, pero no resolverán por sí solos un reto laboral de esa escala.

Europa necesita reducir dependencias, diversificar proveedores y encontrar nuevos mercados para su industria.

Ambas partes tienen, por tanto, una necesidad complementaria.

El acuerdo comercial ha construido la arquitectura del intercambio. Ahora falta colocar los cimientos de la inversión.

India no se convertirá en la gran alternativa industrial a China simplemente por ser grande, joven o crecer rápidamente. Lo hará cuando combine esas ventajas con infraestructuras, apertura, proveedores y seguridad jurídica.

El próximo capítulo de la relación Europa-India no se decidirá en las aduanas. Se decidirá en las fábricas que ambas sean capaces de construir juntas.

Puedes acceder al informe completo en el siguiente link:

Beyond tariffs: why Europe and India must prioritise investment into manufacturing

Fuente: García-Herrero, Alicia; Sengupta, Rajeswari; y Vujanović, Nina, Beyond tariffs: why Europe and India must prioritise investment into manufacturing, Bruegel Working Paper 19/2026, julio de 2026. El informe utiliza datos de UNCTAD, Reserve Bank of India, Eurostat, Banco Mundial y diversas fuentes institucionales y académicas.

Foto: naveed-ahmed-9Dt4WutvwDs-unsplash

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