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China quiere construir su propia teoría económica: la soberanía también llega al conocimiento

China ya no quiere limitarse a competir dentro de las reglas intelectuales diseñadas por Occidente; quiere construir sus propias teorías para explicar su desarrollo y proyectarlas al resto del mundo.

Justin Yifu Lin, uno de los economistas chinos más influyentes y ex economista jefe del Banco Mundial, defiende que China no puede seguir interpretándose con teorías económicas diseñadas para Occidente. Su propuesta, la Nueva Economía Estructural, plantea una “revolución estructural” en la economía moderna: analizar cada país desde sus condiciones materiales, su estructura productiva y su etapa de desarrollo. El mensaje de fondo es claro: la pugna global ya no es solo por fábricas, chips, inteligencia artificial o cadenas de suministro. También es por los marcos intelectuales que explican el mundo.

Las Claves

1. China quiere autonomía también en el pensamiento económico.
El discurso de Justin Yifu Lin no habla solo de economía académica. Habla de construir un sistema autónomo de conocimiento chino, capaz de explicar el desarrollo del país sin depender de marcos occidentales.

2. La crítica central es que la economía dominante nace de países desarrollados.
Lin sostiene que muchas teorías económicas modernas se construyeron a partir de la experiencia de Reino Unido, Estados Unidos y otras economías avanzadas. Por eso, aplicarlas mecánicamente a China o a países en desarrollo puede llevar a diagnósticos erróneos.

3. La Nueva Economía Estructural parte de una idea sencilla pero potente.
Cada país debe analizarse desde su dotación de factores: trabajo, capital, tecnología, recursos naturales, infraestructuras y capacidades productivas. De ahí derivan su estructura industrial, sus instituciones y sus necesidades de desarrollo.

4. Lin defiende una visión pragmática del papel del Estado.
No plantea simplemente “más Estado” o “menos mercado”. Su tesis es que el Estado puede tener un papel clave si ayuda a construir infraestructuras, eliminar cuellos de botella y acompañar sectores compatibles con la etapa de desarrollo del país.

5. El discurso es también una crítica al Consenso de Washington.
Lin utiliza su experiencia en el Banco Mundial para argumentar que muchos proyectos de desarrollo fallaron porque aplicaban teorías diseñadas para economías avanzadas a países con condiciones materiales muy diferentes.

6. El concepto de “changwu” es clave.
Lin pide a los jóvenes economistas chinos observar la realidad sin presupuestos teóricos importados. Antes de aplicar un modelo, hay que entender el fenómeno en sí mismo.

7. La ambición es global.
Lin sostiene que, si el centro de la economía mundial se desplaza hacia China, también debería desplazarse hacia China el centro de la innovación teórica en economía.

8. Para Europa, la lectura es estratégica.
China no solo quiere competir en manufactura, tecnología o comercio. Quiere producir sus propias categorías para explicar el desarrollo, el Estado, la industria y la modernización.

🟢 Verde — lectura estratégica necesaria

El discurso ayuda a entender mejor la lógica profunda del ascenso chino. China no se limita a copiar modelos occidentales: busca construir una narrativa propia sobre desarrollo, industria, Estado y modernización.

🟡 Amarillo — oportunidad y riesgo para Europa

Europa debe observar este movimiento con atención. La competencia global no será solo tecnológica o comercial, sino también intelectual: qué modelo de desarrollo resulta más eficaz, más resiliente y más atractivo para terceros países.

🔴 Rojo — riesgo de incomprensión

Si Europa analiza China únicamente con categorías occidentales tradicionales, puede subestimar su coherencia interna, su capacidad de planificación y su ambición de largo plazo. El riesgo no es compartir o no compartir su modelo, sino no entenderlo.

La soberanía también se juega en las ideas

En los últimos años, la palabra soberanía ha vuelto al centro del debate económico. Hablamos de soberanía energética, tecnológica, alimentaria, industrial, digital o farmacéutica. La pandemia, la guerra en Ucrania, la crisis energética, las tensiones entre Estados Unidos y China y la reorganización de las cadenas de suministro han acelerado una idea: depender demasiado de otros en sectores críticos puede convertirse en una vulnerabilidad estratégica.

Pero hay una dimensión menos visible de esa soberanía: la soberanía intelectual.

Eso es precisamente lo que plantea Justin Yifu Lin, uno de los economistas chinos más reconocidos internacionalmente, profesor en la Universidad de Pekín y ex economista jefe del Banco Mundial entre 2008 y 2012. En un discurso pronunciado en mayo de 2026, Lin defendió la necesidad de construir un sistema autónomo de conocimiento económico chino, capaz de explicar la realidad del país desde sus propias condiciones históricas y materiales.

Su mensaje es ambicioso: China no debe limitarse a usar datos chinos para validar teorías occidentales. Debe construir teoría propia.

Una crítica a los modelos universales

La idea central de Lin es que no existe un único modelo económico válido para todos los países y todas las etapas de desarrollo.

La economía moderna, recuerda, nació y se consolidó principalmente en países desarrollados. Desde Adam Smith hasta la economía contemporánea, buena parte de la teoría económica dominante ha sido construida a partir de la experiencia de Reino Unido, Estados Unidos y otras economías avanzadas.

Eso no significa que esas teorías sean inútiles. Pero sí significa que incorporan supuestos implícitos: abundancia de capital, instituciones maduras, mercados financieros desarrollados, empresas tecnológicamente avanzadas, sistemas regulatorios consolidados y estructuras industriales propias de economías ricas.

El problema aparece cuando esos marcos se aplican de forma automática a países con condiciones muy distintas.

Para Lin, China no podía ser entendida desde el manual de una economía ya desarrollada. Era una economía en transición, con abundancia de mano de obra, menor capital acumulado, instituciones en evolución, fuerte presencia estatal y una estructura productiva en transformación. Aplicar mecánicamente teorías diseñadas para otro contexto podía llevar a conclusiones equivocadas.

El origen de su reflexión: la inflación china de 1988

Lin sitúa el origen de su reflexión en 1988. Ese año, China sufrió una inflación del 18,5%, la primera gran inflación desde la fundación de la República Popular China.

La teoría occidental dominante recomendaba subir los tipos de interés. Esa medida debía reducir la inversión, moderar el consumo, enfriar la demanda agregada y controlar las expectativas inflacionistas. Desde el punto de vista del manual económico, parecía la respuesta racional.

China, sin embargo, optó por medidas administrativas de “gobernanza y rectificación”, recortando proyectos de inversión de forma directa.

Desde la óptica occidental, aquello parecía ineficiente e irracional. Pero Lin se hizo una pregunta incómoda: si el Gobierno chino era tan irracional como sugería la teoría dominante, ¿cómo había conseguido mantener un crecimiento medio anual cercano al 9,9% entre 1978 y 1987?

La contradicción le llevó a una conclusión decisiva: quizá el problema no estaba en la política china, sino en el marco teórico utilizado para interpretarla.

La Nueva Economía Estructural

De esa reflexión nace lo que Lin denomina Nueva Economía Estructural.

Su punto de partida es sencillo: cada país tiene una dotación de factores concreta. Cuenta con una determinada cantidad de trabajo, capital, tecnología, recursos naturales, infraestructuras, capacidades empresariales y conocimiento acumulado. Esa base material determina qué tipo de industrias puede desarrollar de forma competitiva en cada etapa.

La secuencia analítica que propone Lin es clara:

dotación de factores → estructura industrial → infraestructura necesaria → instituciones compatibles

Es decir, la estructura productiva de un país no se elige de forma abstracta. Debe estar alineada con sus ventajas comparativas reales. Un país con abundancia de mano de obra y escasez de capital no puede seguir la misma trayectoria que una economía avanzada intensiva en capital y tecnología. Tampoco necesita las mismas instituciones, infraestructuras o políticas públicas en cada fase de desarrollo.

Esta idea tiene una implicación importante: las instituciones no son simplemente buenas o malas en abstracto. Son más o menos adecuadas según la estructura productiva y la etapa de desarrollo de cada país.

El papel del Estado: ni dogma ni retirada

Uno de los aspectos más interesantes del discurso de Lin es su visión del Estado.

No defiende un Estado omnipotente ni niega el papel del mercado. Pero rechaza la idea de que el desarrollo se consiga simplemente liberalizando, privatizando y copiando las instituciones de los países ricos.

Para Lin, el Estado puede desempeñar un papel importante cuando ayuda a eliminar cuellos de botella, construir infraestructuras, coordinar inversiones, facilitar el cambio estructural y apoyar industrias compatibles con la dotación de factores del país.

También cuestiona la idea de que las empresas estatales sean necesariamente ineficientes por definición. Según Lin, muchas empresas públicas chinas están en sectores intensivos en capital, seguridad nacional o áreas estratégicas de la economía. Por tanto, no pueden compararse de forma simple con empresas privadas que operan en sectores competitivos.

La propiedad importa, pero no lo explica todo. Hay que mirar el sector, la función estratégica, el grado de competencia, los objetivos nacionales y la etapa de desarrollo.

Para Europa, esta idea conecta con un debate muy actual: la vuelta de la política industrial. Semiconductores, energía, defensa, materias primas críticas, inteligencia artificial o infraestructuras digitales son ámbitos en los que el Estado vuelve a ocupar un papel central.

Crítica al Consenso de Washington

La experiencia de Lin en el Banco Mundial refuerza su crítica.

Durante décadas, muchas instituciones internacionales promovieron recetas basadas en liberalización, privatización, disciplina fiscal y apertura de mercados. Era la lógica del llamado Consenso de Washington. En algunos casos, esas políticas funcionaron parcialmente. En muchos otros, no lograron generar desarrollo sostenido.

Lin sostiene que el problema era aplicar teorías derivadas de países desarrollados a economías con estructuras completamente diferentes. El resultado podía ser técnicamente elegante, pero prácticamente ineficaz.

Su argumento es especialmente relevante para países en desarrollo: no basta con importar instituciones. El desarrollo exige partir de las condiciones materiales del país, identificar sus ventajas comparativas, construir capacidad productiva y adaptar progresivamente infraestructuras e instituciones.

En otras palabras, el desarrollo no se copia. Se construye.

“Changwu”: mirar la realidad antes que la teoría

Una de las ideas más sugerentes del discurso es el concepto de changwu, que puede traducirse como una actitud de “no presuposición constante”.

Lin pide a los jóvenes economistas que no empiecen preguntando qué teoría existente explica un fenómeno. Les pide observar primero el fenómeno en sí mismo. Mirar la realidad antes de encajarla en una categoría académica ya disponible.

La crítica es profunda. Si un investigador observa China únicamente a través de teorías occidentales, verá solo aquello que esas teorías permiten ver. Puede publicar buenos artículos, pero quizá no entienda el problema real.

Para Lin, el economista debe recuperar una mirada de primer orden: observar directamente las condiciones, las restricciones, los incentivos y la estructura material de cada país. Solo después debe construir teoría.

Este punto tiene valor más allá de China. También sirve para empresas, instituciones y gobiernos europeos. En un mundo que cambia rápidamente, las categorías heredadas pueden quedarse cortas. La realidad industrial, energética, tecnológica y geopolítica de 2026 no siempre encaja en los manuales de hace veinte años.

Marxismo, materialismo histórico y teoría económica

El discurso de Lin tiene también una dimensión ideológica explícita. Enmarca la Nueva Economía Estructural dentro del materialismo histórico marxista.

Su razonamiento parte de una idea clásica: la base económica condiciona la superestructura. Las fuerzas productivas determinan las relaciones de producción, y las industrias son el soporte concreto de esas fuerzas productivas. Si las industrias dependen de la dotación de factores, entonces esa dotación material se convierte en el punto de partida del análisis económico.

Desde esa lógica, Lin presenta la Nueva Economía Estructural como una transformación marxista de la economía moderna.

Para una lectura europea, lo importante no es compartir o no ese marco. Lo relevante es entender qué está haciendo China: construir una teoría económica compatible con su sistema político, su experiencia histórica y su narrativa de modernización.

Esto encaja con una tendencia más amplia. China busca soberanía en semiconductores, inteligencia artificial, energía, defensa, cadenas de suministro y materias primas. Pero también quiere soberanía en conocimiento, teoría, estándares, universidades y producción intelectual.

China como futuro centro de teoría económica

La ambición de Lin va más allá del caso chino.

Sostiene que, históricamente, el centro de la economía mundial ha sido también el centro de la innovación teórica. Primero fue Reino Unido. Después, Estados Unidos. Si China se convierte en el principal centro económico del mundo, el centro de gravedad de la investigación económica también debería desplazarse hacia China.

La afirmación es potente. China no quiere ser solo fábrica del mundo, potencia exportadora o líder tecnológico. Quiere convertirse también en productora de teoría global.

Lin recuerda que China ya superó a Estados Unidos en PIB medido por paridad de poder adquisitivo en 2014. También sostiene que podría superar a Estados Unidos en PIB nominal hacia 2030 y alcanzar un tamaño económico muy superior hacia 2049.

Su conclusión es clara: el siglo XXI puede ser una oportunidad histórica para los economistas chinos. Pero solo si dejan de limitarse a validar teorías occidentales y se atreven a construir marcos originales.

La lectura para Europa

El discurso de Justin Yifu Lin es relevante porque muestra que la competición global se está ampliando.

Durante años, Europa ha analizado a China sobre todo desde la óptica del comercio, la manufactura, las subvenciones industriales, la tecnología, los vehículos eléctricos, las materias primas o la geopolítica. Todo eso sigue siendo importante. Pero hay otra capa: China también está disputando el relato sobre cómo se desarrolla una economía.

Estados Unidos sigue defendiendo un modelo basado en innovación privada, mercados de capitales profundos, grandes plataformas tecnológicas y liderazgo financiero. Europa busca una tercera vía entre mercado, regulación, cohesión social, sostenibilidad y autonomía estratégica. China propone un modelo en el que el Estado, la planificación estratégica, la industria, la seguridad económica y la adaptación institucional desempeñan un papel central.

La competencia no será solo por producir más barato o innovar más rápido. También será por convencer a otros países de qué modelo funciona mejor.

Esto importa especialmente para empresas industriales europeas. Las decisiones de inversión, localización, proveedores, tecnología, energía, digitalización y alianzas se toman en un mundo donde los marcos de referencia están cambiando. China no se ve a sí misma como una economía que deba converger necesariamente hacia Occidente. Se ve como una civilización-Estado que está construyendo su propio camino de modernización.

Entender China exige entender cómo piensa China

La principal enseñanza del discurso no es que Europa deba aceptar la visión china. Tampoco que deba copiarla. La enseñanza es más básica: Europa debe entenderla con rigor.

China no está improvisando. Está construyendo una arquitectura de soberanía que abarca industria, tecnología, energía, finanzas, comercio, defensa, educación y conocimiento. La Nueva Economía Estructural de Justin Yifu Lin forma parte de esa arquitectura.

En un mundo de cadenas de suministro tensas, política industrial, autonomía estratégica y bloques económicos en competencia, las ideas importan. Definen qué sectores se consideran estratégicos, qué papel debe jugar el Estado, cómo se mide el éxito económico y qué políticas se consideran legítimas.

La soberanía del siglo XXI no será solo tener fábricas, chips, energía o datos. También será tener capacidad para interpretar el mundo con categorías propias.

Y China quiere disputar también ese terreno.

Transcripción del último discurso de Justin Yifu Lin: La nueva economía estructural impulsará una “revolución estructural” en la economía moderna convencional

Bienvenidos al seminario de esta mañana sobre la construcción de un sistema de conocimiento autónomo para la Nueva Economía Estructural. Quisiera agradecer a los ponentes anteriores por reconocer los esfuerzos del Instituto de Nueva Economía Estructural para impulsar la innovación teórica autónoma y construir el sistema de conocimiento de la Nueva Economía Estructural.

Como sabemos, la innovación teórica autónoma es el núcleo de un sistema de conocimiento autónomo, y este último es la integración sistemática de dicha innovación. Como promotor de la innovación teórica autónoma en la Nueva Economía Estructural y defensor de la construcción de su sistema de conocimiento autónomo, quisiera aprovechar la oportunidad de hoy para explicar por qué he emprendido este camino desde 1988. También abordaré cómo profundizar en la innovación teórica en la Nueva Economía Estructural, construir su sistema de conocimiento autónomo y compartiré algunas expectativas con los jóvenes presentes.

¿Por qué promover la innovación teórica autónoma en la Nueva Economía Estructural?

Como sabemos, la función de la teoría es ayudarnos a comprender el mundo y transformarlo. Desde la perspectiva de la economía, la economía convencional ha desarrollado un cuerpo de conocimiento muy sofisticado. Sin embargo, la aplicabilidad de cualquier teoría depende de si sus premisas y supuestos se ajustan al contexto en el que se aplica.

Desde Adam Smith, la economía occidental se ha basado en gran medida en la experiencia de países desarrollados como el Reino Unido y Estados Unidos. Por lo tanto, estas teorías parten implícitamente de las condiciones económicas, sociales, políticas y de otra índole de los países desarrollados en los que se originaron. Como país en desarrollo, China difiere notablemente de esos países tanto en su estructura económica como en su nivel de desarrollo. Aplicar estas teorías directamente a China plantea el problema que expresa el proverbio chino: «Una naranja cultivada al sur del río Huai es dulce, pero cultivada al norte se vuelve amarga». Esto es algo que debemos reconocer claramente. Llegué a esta conclusión en 1988.

En 1988, China experimentó una inflación del 18,5%, la primera de tal magnitud desde la fundación de la República Popular China. Según la teoría occidental predominante en aquel entonces, la inflación debía combatirse aumentando los tipos de interés. Esto reduciría la demanda de inversión, disminuiría la demanda de consumo, reduciría la demanda agregada y, por lo tanto, afectaría las expectativas de inflación. También se consideraba un enfoque eficiente: una vez que subieran los tipos de interés, solo sobrevivirían los proyectos altamente rentables y se eliminarían los de baja rentabilidad. En teoría, esto frenaría la inflación y mejoraría la eficiencia en la asignación de recursos. La lógica parecía muy convincente.

Sin embargo, en 1988, China adoptó una política de “gobernanza y rectificación”, utilizando medidas administrativas para recortar proyectos de inversión. Desde la perspectiva de la teoría occidental dominante, esto era sumamente irracional e ineficiente. Pero entonces me encontré con una contradicción: si el gobierno chino era realmente tan irracional como sugería la teoría occidental dominante, ¿cómo había logrado China mantener una tasa de crecimiento anual promedio del 9,9 % entre 1978 y 1987, con fluctuaciones mínimas?

Para un país en desarrollo, incluso un crecimiento de varios puntos porcentuales en un solo año no es tarea fácil. China, en aquel entonces, no solo era un país en desarrollo, sino también una economía en transición. Mantener un crecimiento del 9,9 % durante nueve años consecutivos demostró precisamente que el gobierno chino era sumamente racional y comprendía profundamente la situación del país.

Fue este conflicto intelectual el que me llevó a reflexionar sobre las llamadas teorías convencionales que habíamos estudiado y aplicado. Las teorías de los países desarrollados parten de su propia etapa y condiciones de desarrollo como premisas implícitas. Esto me hizo comprender que toda teoría, en cierto modo, conlleva el riesgo de perpetuar el pasado, ya que parte de las condiciones específicas en las que se desarrolló inicialmente.

Cuando estas premisas no se ajustan a los países en desarrollo, quienes deseamos contribuir con nuestro conocimiento y sabiduría al progreso nacional debemos comprender profundamente nuestras propias condiciones nacionales y proponer nuevas teorías. Me complace especialmente que la Nueva Economía Estructural comenzara a tomar forma en 1988, utilizando la dotación de factores y su estructura, que reflejan las características de la etapa de desarrollo de China, como punto de partida para analizar dicho desarrollo. El primer artículo surgido de esta línea de pensamiento fue escrito junto con Li Zhou y examinó las causas institucionales de la inflación china de 1988. Desde entonces, hemos desarrollado una perspectiva distintiva sobre la transición y el desarrollo de China basada en la dotación de factores y su estructura, que gradualmente evolucionó hasta conformar el marco analítico de la Nueva Economía Estructural.

En 1994, Cai Fang , Li Zhou y yo publicamos El milagro chino . En ese libro, la perspectiva analítica y el marco de la Nueva Economía Estructural ya estaban en gran medida establecidos. El paradigma analítico era el siguiente: la dotación de factores determina la estructura industrial, lo que a su vez requiere la infraestructura correspondiente y los arreglos institucionales compatibles.

Debido a que nuestra perspectiva y enfoque analítico diferían de la teoría dominante, muchos de nuestros juicios y argumentos resultaron controvertidos. Sin embargo, la vigencia de una teoría reside en si las inferencias que produce pueden confirmarse mediante la práctica posterior.

Por ejemplo, como se analiza en El milagro chino , la opinión internacional predominante en aquel momento sostenía que, dado que China no había seguido la terapia de choque convencional ni el «Consenso de Washington», su colapso era inevitable a pesar de su sólido desempeño. La tesis del «colapso de China» estaba entonces muy de moda. En respuesta, predijimos que si China continuaba con su transición pragmática, gradual y de doble vía, su economía superaría a la de Estados Unidos en términos de paridad de poder adquisitivo para 2015 y en términos de tipo de cambio de mercado para 2030.

En su momento, esta fue una predicción sumamente audaz, pero la práctica la confirmó: China superó a Estados Unidos en términos de paridad de poder adquisitivo en 2014. En cuanto a los tipos de cambio de mercado, creo que es muy probable que China supere a Estados Unidos para 2030.

Posteriormente, en 2007, fui invitado a impartir una conferencia en la Universidad de Cambridge. Apliqué este marco analítico, derivado de la experiencia de China, para examinar los éxitos y fracasos de las economías en desarrollo de todo el mundo tras la Segunda Guerra Mundial. Esto me permitió identificar las razones fundamentales por las que un pequeño número de países prosperó mientras que la inmensa mayoría fracasó, y desarrollar un marco analítico más completo y un conjunto de proposiciones teóricas.

A medida que la economía china seguía creciendo, en 2008 tuve la oportunidad de desempeñarme como Economista Jefe y Vicepresidente Sénior del Banco Mundial, convirtiéndome en el primer economista de un país en desarrollo en ocupar ese cargo. Mis colegas del Banco Mundial, así como el equipo de investigación económica que dirigía, compuesto por más de 1000 profesionales destacados de países en desarrollo y desarrollados, estaban profundamente comprometidos con la promoción del desarrollo en los países en desarrollo. El Banco Mundial también contaba con amplios recursos para proyectos y debería haber sido la institución de desarrollo más influyente del mundo. Sin embargo, la realidad era que, a pesar del ambicioso objetivo del Banco Mundial de construir un mundo libre de pobreza, y a pesar de que la reforma y apertura de China habían sacado de la pobreza a más de 800 millones de personas, el número de personas pobres en el resto del mundo no había disminuido, sino que había aumentado.

Estas élites del Banco Mundial dominaban las teorías más avanzadas y contaban con proyectos de desarrollo diseñados para ponerlas en práctica. Sin embargo, no lograron los resultados esperados. La razón era precisamente la que yo había intuido en 1988: estaban aplicando teorías convencionales, derivadas de países desarrollados, a países en desarrollo con condiciones muy diferentes. Sus intenciones eran buenas, pero los resultados se desviaron drásticamente de lo que predecían las teorías.

Por eso, en el primer aniversario de mi nombramiento como Economista Jefe del Banco Mundial, propuse el término «Nueva Economía Estructural». El punto central era el siguiente: los países en distintas etapas de desarrollo tienen condiciones materiales diferentes y, por lo tanto, estructuras industriales e institucionales distintas. Debemos incorporar la heterogeneidad y la endogeneidad de las estructuras entre países con diferentes niveles de desarrollo a nuestro pensamiento teórico y desarrollar nuevas teorías que orienten la práctica del desarrollo. Solo así podremos alcanzar el noble objetivo de ayudar a los países en desarrollo a salir de la pobreza.

En 2011, fui invitado a impartir la Conferencia Kuznets en la Universidad de Yale, uno de los ciclos de conferencias de economía más importantes del mundo. Allí, hablé por primera vez sobre «Nueva Economía Estructural: Un Marco para Repensar el Desarrollo». Posteriormente, convertí esa conferencia en un artículo publicado en la Revista Económica del Banco Mundial, anunciando formalmente el nacimiento de la Nueva Economía Estructural a la comunidad económica.

También me honra que, como mencionó anteriormente el director Zhao Chuandong , subdirector de la Oficina Nacional de Filosofía y Ciencias Sociales del Departamento de Propaganda del Comité Central del Partido Comunista de China, me invitaran a participar en el Simposio de 2016 sobre Filosofía y Trabajo en Ciencias Sociales . Han transcurrido casi diez años desde entonces. La innovación teórica autónoma ha cobrado nueva vitalidad y, al igual que muchos colegas aquí presentes, me siento muy alentado por este desarrollo.

A continuación, me gustaría hablar sobre cómo profundizar en la innovación teórica autónoma en la Nueva Economía Estructural y construir su sistema de conocimiento autónomo.

Cualquier fenómeno económico puede explicarse mediante múltiples teorías. La economía occidental, en los casi 250 años transcurridos desde Adam Smith, ha desarrollado un amplio corpus de conocimiento. Para casi cualquier fenómeno en China, se pueden encontrar teorías ya elaboradas para explicarlo, y esas explicaciones suelen resultar bastante convincentes.

Tomemos como ejemplo la reforma de las empresas estatales durante la transición china. Se convirtió en un tema crucial debido a la percepción generalizada de que las empresas estatales eran ineficientes. En aquel entonces, el marco teórico más influyente era la teoría de los derechos de propiedad de la nueva economía institucional, que sostiene que la estructura corporativa más eficiente es aquella en la que la propiedad y la gestión están unificadas, es decir, donde los derechos de propiedad pertenecen al operador. De lo contrario, una divergencia de intereses entre propietarios y gerentes inevitablemente generará ineficiencia. Los gerentes, como empleados y no como propietarios, no tienen ningún derecho residual sobre los rendimientos operativos. Sobre esta base, la teoría concluye que las empresas estatales son inherentemente ineficientes. Si en un análisis de regresión las empresas se dividen simplemente en estatales y privadas, las empresas privadas parecen más eficientes según casi cualquier medida estadística. Este argumento, por lo tanto, resultó particularmente intuitivo dentro del discurso económico estadounidense.

Para quienes nos dedicamos a la innovación teórica autónoma, el primer requisito es adoptar una mentalidad de «changwu» [no presuposición constante]. Ante cualquier fenómeno, no debemos preguntarnos inmediatamente qué dice la teoría existente al respecto. Debemos examinar primero el fenómeno en profundidad y en sus propios términos.

Como ya mencioné, diversas teorías pueden aplicarse a un mismo fenómeno. En el caso de las empresas estatales, la teoría convencional sobre los derechos de propiedad parece rigurosa y ha sido adoptada por muchos académicos chinos destacados en campos relacionados. Sin embargo, una observación más atenta revela que las empresas estatales y privadas difieren en algo más que la propiedad. Las empresas estatales suelen concentrarse en sectores intensivos en capital vinculados a la seguridad nacional y a los sectores estratégicos de la economía. Además, contribuyen a evitar que el capital privado utilice el control sobre recursos escasos para obtener beneficios excesivos. Las empresas privadas, por el contrario, se encuentran mayoritariamente en sectores competitivos. Solo observando estas diferencias podemos constatar que la teoría convencional resulta insuficiente para distinguir entre industrias con características diferentes o entre empresas que persiguen objetivos distintos.

Por lo tanto, si deseamos aprovechar las oportunidades de nuestro tiempo y participar en una auténtica innovación teórica, debemos abordar la realidad con una mentalidad de «cambio de perspectiva». Todo fenómeno económico contiene premisas implícitas, y toda teoría se produce en un contexto específico. Esto significa que cualquier teoría, si se aplica mecánicamente, conlleva el riesgo de perpetuar el pasado. Solo con esta mentalidad de «cambio de perspectiva» podremos discernir la esencia de un fenómeno y los factores que realmente lo configuran.

Este es un punto que he enfatizado constantemente al abogar por la innovación teórica autónoma en la Nueva Economía Estructural. También publiqué un libro titulado Benti y Changwu: Diálogos sobre Metodología en Economía [el objeto ontológico de la investigación y una mentalidad sin presuposiciones]. En mis intercambios con profesores y estudiantes, los he animado a liberarse de las limitaciones de las teorías existentes y a observar el mundo con sus propios ojos, como recién nacidos. Solo así podemos comprender la esencia de los fenómenos y sus factores determinantes. En el lenguaje de la filosofía tradicional china, observar el mundo a través de las teorías existentes es un modo de observación de «segundo orden». Lo que necesitamos es un modo de observación de «primer orden»: observar la esencia y los factores determinantes de los fenómenos directamente, sin prejuicios ni presuposiciones teóricas. Esto es lo que significa ver los fenómenos a través del «changwu».

Pero si queremos mantener esta mentalidad y observar directamente la esencia y los factores determinantes de los fenómenos del mundo real, ¿cómo deberíamos observarlos? En términos generales, existen dos cosmovisiones para analizar la esencia de los fenómenos y sus factores determinantes: el idealismo y el materialismo.

Desde que comencé a explorar la construcción de mi propio sistema teórico en 1988, he respaldado plenamente y defendido consistentemente el materialismo histórico. Esta postura también concuerda con el espíritu del discurso del Secretario General en el Simposio sobre Filosofía y Trabajo en Ciencias Sociales: el marxismo revela la esencia, las conexiones internas y las leyes del desarrollo de las cosas. Es una gran herramienta de conocimiento y un arma intelectual poderosa para observar el mundo y analizar problemas.

Las ideas que la Nueva Economía Estructural ha desarrollado gradualmente desde 1988, a menudo apartándose de la teoría dominante, se fundamentan en una perspectiva materialista. Consideran la dotación de factores —una condición material— como punto de partida para observar el desarrollo y la transición en China y en otras partes del mundo. ¿Por qué insistir en el materialismo histórico? Tanto mi propia práctica como mi lectura de la filosofía me han demostrado que el materialismo histórico puede revelar la esencia de los fenómenos. La dotación de factores ofrece un punto de partida especialmente útil.

Como es bien sabido, el materialismo histórico sostiene que la base económica determina la superestructura, mientras que la superestructura, a su vez, actúa sobre la base económica. La base económica se compone de las fuerzas productivas y las relaciones de producción que estas configuran. Las relaciones de producción son importantes, pero en última instancia están condicionadas por las fuerzas productivas. Por lo tanto, son las fuerzas productivas las que desempeñan un papel fundamental en el impulso del progreso social.

Al proponer “nuevas fuerzas productivas de calidad”, el Secretario General también hizo hincapié en que las industrias son un importante vehículo de estas fuerzas. La Nueva Economía Estructural reconoció relativamente pronto cómo se determinan las industrias: las industrias de cada país y sociedad están determinadas por las ventajas comparativas derivadas de su dotación de factores y su estructura.

Así pues, si la base económica determina la superestructura, y la base económica es primaria; si las fuerzas productivas determinan las relaciones de producción, y las fuerzas productivas son primarias; si las fuerzas productivas son llevadas a cabo por las industrias, y las industrias a su vez están determinadas por las dotaciones de factores, entonces dentro de toda la cadena de análisis marxista, las dotaciones de factores y su estructura son el factor primario.

La Nueva Economía Estructural concreta aún más la primacía de las condiciones materiales. Sostiene que la dotación de factores y su estructura constituyen la existencia primaria y la fuerza determinante fundamental. Su innovación teórica parte de la dotación de factores y su estructura como condición material primaria, y las utiliza para analizar el país, la sociedad y el desarrollo. De esto se derivan una serie de proposiciones: la estructura de producción es endógena a la estructura de la dotación de factores; la infraestructura debe ser compatible con la estructura de producción; y los arreglos institucionales dentro de la superestructura también deben ser compatibles con la estructura de producción. Este es el primer punto de vista fundamental de la Nueva Economía Estructural.

En el proceso de desarrollo económico, sin embargo, las distintas estructuras cambian a ritmos diferentes y con distintos grados de dificultad, generando desfases temporales. Debido a las fricciones internas del cambio estructural, las estructuras institucionales y productivas a menudo no están completamente alineadas. Esto es normal. En ocasiones, el Estado también puede perseguir objetivos distintos a la eficiencia, como la seguridad, y por lo tanto promover estructuras productivas que difieren de las determinadas por la ventaja comparativa. Esto genera distorsiones. Las estructuras son endógenas, las distorsiones son endógenas y el funcionamiento de la economía revela esta endogeneidad. Esta es la perspectiva de la Nueva Economía Estructural: «un centro, tres puntos básicos».

Si la Nueva Economía Estructural pretende innovar teóricamente, debe partir de esta perspectiva, observar los fenómenos de desarrollo y transición en China y otros países en desarrollo, y elaborar teorías a partir de ello. Si contamos con una perspectiva coherente que guíe la innovación teórica, las teorías que desarrollemos podrán vincularse mediante una cadena lógica coherente e integrarse en un sistema de conocimiento autónomo.

La Nueva Economía Estructural se propuso inicialmente como la tercera generación de la economía del desarrollo. Posteriormente, nos dimos cuenta de que todas las ramas de la economía moderna convencional —macroeconomía, economía monetaria, finanzas públicas, ciclos económicos, organización industrial, distribución espacial, comercio internacional, etc.— parten de las estructuras de los países desarrollados como premisa implícita. Sin embargo, los países en diferentes etapas de desarrollo presentan estructuras distintas.

Si incorporamos la heterogeneidad estructural y la endogeneidad de los países con diferentes niveles de desarrollo a los diversos campos de la economía moderna convencional, podemos, de hecho, impulsar una «revolución estructural» en cada uno de ellos. Por lo tanto, aunque la Nueva Economía Estructural se propuso inicialmente como la tercera generación de la economía del desarrollo, esta constatación ha clarificado nuestra comprensión: se trata, en realidad, de una «revolución estructural» en la economía moderna. Introducir la endogeneidad de las estructuras materiales en la economía moderna convencional es, en esencia, una transformación marxista de dicha economía.

La economía convencional moderna parte de la estructura de los países desarrollados como premisa implícita y descuida las diferencias estructurales, institucionales y de funcionamiento económico que surgen de las distintas condiciones materiales entre países en diferentes etapas de desarrollo. Desde una perspectiva marxista, dado que la base económica determina la superestructura, y esta a su vez influye en la base económica, debemos partir del papel determinante primordial de la base económica. Esto representa, en efecto, una revolución marxista en la economía moderna.

Finalmente, quisiera compartir algunas expectativas con mis jóvenes amigos. Como mencioné antes, la economía moderna comenzó con La riqueza de las naciones de Adam Smith en 1776. Han transcurrido casi 250 años desde entonces. Si consideramos 25 años como una generación, se han necesitado los esfuerzos de diez generaciones para construir un sistema tan completo.

Francamente, es difícil encontrar un fenómeno que la teoría dominante moderna no pueda explicar. Si bien estas explicaciones no siempre captan la esencia del problema, el sistema de conocimiento es muy completo, la cadena lógica es clara y los argumentos son sumamente persuasivos. La Nueva Economía Estructural, en cambio, existe desde hace tan solo 38 años, desde sus inicios en 1988. Si contamos desde la conferencia de Yale de 2011, cuando se presentó formalmente a la comunidad académica, su existencia se reduce a apenas 15 años. Comparada con el poderoso y consolidado sistema teórico dominante, la innovación teórica autónoma que representa la Nueva Economía Estructural se encuentra aún en una etapa temprana y frágil. Necesita urgentemente que los jóvenes académicos presentes hoy se dediquen a ella, generación tras generación, tal como lo han hecho los académicos de la comunidad académica dominante occidental. Solo mediante un esfuerzo colectivo sostenido y una innovación teórica más profunda podremos construir, en última instancia, un sistema de conocimiento autónomo de la Nueva Economía Estructural con origen en China. Esta es una tarea que requerirá el esfuerzo conjunto de varias generaciones.

Solemos decir que los jóvenes son la esperanza del país. Del mismo modo, los jóvenes son la esperanza para construir un sistema de conocimiento autónomo para la Nueva Economía Estructural.

Me complace especialmente ver a tantos jóvenes participando hoy, tanto en persona como en línea. Si logran partir de la perspectiva materialista de la Nueva Economía Estructural y resumir la experiencia de desarrollo y transición en China y otros países, esta será una oportunidad única en la vida.

Tal y como predije con audacia en 1995, con motivo del 40.º aniversario del Economic Research Journal, el siglo XXI pertenecerá a los economistas chinos. Será una era en la que China producirá, en gran número, destacados académicos capaces de definir la dirección teórica de la economía global. Desde Adam Smith, el centro de la economía mundial ha sido también el centro de la investigación económica, la innovación teórica y el surgimiento de grandes economistas.

En términos de paridad de poder adquisitivo, la economía china superó a la de Estados Unidos en 2014. De cara a 2049, creo que la economía china podría alcanzar el doble del tamaño de la estadounidense, o incluso más. El centro de la economía mundial se está desplazando hacia China, y el centro de investigación de la economía mundial inevitablemente también se desplazará hacia China. Si desea aprovechar esta oportunidad histórica, primero debe adoptar una mentalidad de “changwu”: no debe limitarse a utilizar datos chinos para verificar las teorías occidentales convencionales. Si aplica la teoría occidental convencional cada vez que se encuentra con un fenómeno chino, es posible que publique artículos, pero no aprovechará la oportunidad de esta era. Peor aún, podría engañar a la sociedad, porque no habrá identificado el verdadero problema detrás del fenómeno chino. ¿Acaso eso no lo convertiría en alguien como los economistas que vi en el Banco Mundial, quienes estaban sinceramente comprometidos con ayudar a los países en desarrollo, pero que, armados con teorías inapropiadas, gastaron grandes sumas de dinero en muchos proyectos con muy poco efecto?

El objetivo de la investigación económica es comprender el mundo y, aún más importante, transformarlo. Tomar la transformación del mundo para mejor como meta de la investigación es la única manera de aprovechar esta oportunidad e impulsar la innovación teórica.

La oportunidad que se presenta ante nosotros es crucial, pero aprovecharla depende de tener la visión del mundo adecuada. Ya no podemos aplicar mecánicamente teorías que pertenecen en gran medida a la superestructura y caen en la categoría del idealismo. En cambio, debemos partir del materialismo y de los fundamentos materiales de cada país. Debemos defender la perspectiva marxista, es decir, la de la Nueva Economía Estructural: «un centro, tres puntos básicos».

Al mismo tiempo, los investigadores deben tener la perspectiva adecuada de la vida. El propósito de la investigación es comprender el mundo y, a través de esa comprensión, ayudar a las personas a transformarlo para mejor y promover el progreso social. Este es el objetivo más importante, quizás incluso el único. Que un artículo se publique o no no es la principal preocupación.

Hago hincapié en esto porque, si bien es innegable que los casi diez años transcurridos desde el discurso del Secretario General en el Simposio sobre Filosofía y Trabajo en Ciencias Sociales han dado un nuevo impulso a la innovación teórica autónoma, dicha innovación aún se encuentra, en general, en una etapa temprana. La Nueva Economía Estructural surgió relativamente pronto, pero solo tiene 38 años de existencia. Si se consulta la bibliografía actual, todavía no hay mucha investigación relacionada. Además, los editores y revisores de las revistas actuales siguen adhiriéndose en gran medida al paradigma dominante, lo que dificulta la publicación de artículos que propongan innovaciones teóricas originales.

Si tu objetivo es la publicación, es muy probable que renuncies a la innovación autónoma. Y si ese es tu punto de partida, te resultará difícil aprovechar las oportunidades teóricas que ofrece el auge de China como uno de los principales centros mundiales de investigación económica.

Por lo tanto, para afrontar las exigencias de esta época, es fundamental tener la visión del mundo y la perspectiva de vida adecuadas. Es imprescindible tener claro el propósito de la investigación: comprender el mundo por uno mismo y, posteriormente, ayudar a otros a transformarlo para mejor e impulsar el progreso social. Este es el objetivo más importante, quizás incluso el único.

Creo que, a medida que la fortaleza nacional de China siga creciendo mediante la reforma y la apertura, y que el centro de la economía mundial se desplace hacia China, el centro de investigación y la dirección de la innovación en la economía mundial también se desplazarán inevitablemente hacia China. Los grandes maestros que lideran el desarrollo de la teoría económica mundial también se reunirán en China. Vivimos en una época sumamente afortunada. El llamamiento del Secretario General a la innovación autónoma hace diez años ha creado un entorno externo favorable para nosotros.

Me complace especialmente que la revista New Structural Economics haya sido aprobada para su publicación formal. Este canal brindará a todos los colegas y jóvenes amigos comprometidos con la innovación teórica autónoma en la Nueva Economía Estructural una plataforma para publicar sus trabajos, intercambiar ideas y aprender unos de otros.

Finalmente, permítanme concluir con las palabras del Secretario General en el Simposio sobre Filosofía y Trabajo en Ciencias Sociales: «Esta es una era que necesita teoría y sin duda la producirá; esta es una era que necesita pensamiento y sin duda lo producirá. No debemos fallarle a esta era».

Tomemos esto como un estímulo mutuo. Gracias.

Fuente: Justin Yifu Lin, CCG (Junyan Zhao, Yuxuan Jia)

Foto: hyunwon-jang-njUBfL1Oc3Y-unsplash

 

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