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Europa no logra blindar su cadena de suministro: más dependencia, más distancia, más riesgo

Claves

  • Seis años después de la pandemia y en pleno conflicto en Oriente Medio, Europa no ha conseguido reducir su vulnerabilidad en las cadenas de suministro. Las importaciones recorren más distancia, la dependencia de China se amplía y las estrategias de relocalización apenas han tenido impacto real. La resiliencia sigue siendo más un objetivo político que una realidad económica.

En este informe de Oxford Economics, se evalua hasta qué punto la UE ha implementado las cuatro principales estrategias de reducción de riesgos: “nearshoring” (trasladar las cadenas de suministro a una ubicación cercana o aún más cercana), “homeshoring” (trasladar las cadenas de suministro a la UE), “friendshoring” (trasladar las cadenas de suministro a países que son aliados políticos y económicos) y la estrategia “China+1” (en la que las empresas diversifican sus cadenas de suministro añadiendo otro país que no sea China).

Las principales conclusiones son:

  • A pesar de las recientes conmociones económicas y geopolíticas, las empresas de la UE no han cambiado significativamente sus hábitos: en los últimos seis años, la distancia media que recorren las importaciones ha aumentado casi un 6%; las empresas de la UE solo han reducido ligeramente su exposición a países no alineados políticamente y han aumentado su comercio intracomunitario en una medida igualmente pequeña; y su exposición a China ha aumentado considerablemente.
  • Nearshoring: las importaciones de mercancías de la UE recorren 114 km más que en 2019.
  • Homeshoring: Solo un aumento marginal de las importaciones intracomunitarias.
  • ‘Friendshoring’: La complejidad de los productos importados de países no occidentales ha aumentado progresivamente.
  • «China + 1»: Hay pocas pruebas de que la estrategia se esté utilizando. Hace seis años, más sectores dependen de las importaciones chinas.

 

🟢 Fortalezas

  • Ligero refuerzo del comercio intraeuropeo en sectores como Fаrma y Químicos.

  • Reducción de la dependencia de Rusia

  • Mayor impulso regulatorio e industrial en sectores estratégicos.

🟡 Zonas de vigilancia

  • Avances muy limitados en friendshoring.

  • Algunos sectores empiezan a moverse, pero sin escala suficiente.

  • Posibles mejoras si se consolidan políticas industriales europeas.

🔴 Riesgos estructurales

  • Mayor dependencia de China y extensión a más sectores.

  • Fracaso práctico del nearshoring y del China+1.

  • Dependencia creciente en productos complejos y estratégicos.

  • Cadenas más largas → mayor exposición a disrupciones.

Una realidad incómoda: Europa no ha cambiado su modelo

Tras la pandemia, la guerra en Ucrania y el endurecimiento del entorno geopolítico, Europa asumió que debía reducir su dependencia exterior. El concepto de de-risking se convirtió en prioridad estratégica. Sin embargo, la realidad que dibuja Oxford Economics es mucho menos ambiciosa.

Las empresas europeas, en esencia, no han cambiado su forma de operar.

Lejos de rediseñar sus cadenas de suministro, han seguido confiando en el mismo modelo globalizado que dominaba antes de 2020. No por falta de conciencia, sino por una razón mucho más pragmática: el sistema actual sigue siendo, simplemente, más eficiente.

Las ventajas de costes, especialmente en Asia, continúan siendo demasiado relevantes. A esto se suma un elemento clave que suele pasar desapercibido: la inercia. Cambiar proveedores, geografías y estructuras productivas no es inmediato ni barato. Requiere inversión, tiempo y asumir riesgos que muchas compañías no están dispuestas a tomar sin una presión externa clara.

Cadenas más largas en un mundo más incierto

Uno de los objetivos más repetidos en los últimos años ha sido el nearshoring: acercar la producción para ganar resiliencia. Pero los datos muestran justo lo contrario.

Hoy, las importaciones europeas recorren más kilómetros que antes de la pandemia.

Es un detalle aparentemente técnico, pero profundamente revelador. En un entorno más volátil, Europa depende de cadenas de suministro más largas, no más cortas. Es decir, más expuestas.

China sigue siendo el principal motor de esta dinámica, pero no es el único. El aumento de importaciones energéticas desde Estados Unidos o la creciente relevancia de países asiáticos como Vietnam o Taiwán también explican esta mayor distancia.

En paralelo, la reducción de la dependencia de Rusia o Reino Unido —dos cambios claramente vinculados a decisiones geopolíticas— no ha sido suficiente para compensar esta tendencia.

El mercado interno europeo: más importante, pero no más fuerte

Europa ha intentado reforzar su mercado interno como mecanismo de protección. Sin embargo, el avance ha sido limitado.

El comercio intraeuropeo ha crecido, sí, pero de forma marginal. Y lo más relevante no está en el volumen total, sino en su composición.

En los bienes intermedios —la base de cualquier cadena industrial— la dependencia exterior ha aumentado. Esto significa que el corazón productivo europeo sigue expuesto.

Algunos sectores muestran una evolución positiva, como фарma o productos químicos, donde se observa una mayor integración dentro de la UE. Pero otros, como maquinaria o automoción, han seguido desplazando su dependencia hacia proveedores externos.

El resultado es un sistema desigual, donde la resiliencia no se construye de forma homogénea.

La geopolítica no basta: el friendshoring avanza, pero no transforma

La idea de reorganizar las cadenas hacia países aliados ha ganado peso en el discurso político. Sin embargo, en la práctica, el impacto ha sido limitado.

Las empresas no han sustituido proveedores en función de afinidades geopolíticas, sino en función de costes, eficiencia y disponibilidad.

Esto refleja una tensión estructural: mientras la política busca seguridad, la empresa busca competitividad.

Incluso dentro del bloque occidental, las fricciones crecientes —especialmente en el eje transatlántico— añaden incertidumbre sobre la solidez de esta estrategia a largo plazo.

China: el núcleo de la dependencia europea

Si hay una conclusión clara del informe es que Europa no solo depende de China, sino que depende cada vez más.

Y lo más relevante no es cuánto, sino en qué.

La dependencia se está desplazando hacia sectores de mayor complejidad tecnológica: vehículos eléctricos, baterías, componentes clave para la transición energética. Es decir, hacia aquellos ámbitos donde la sustitución es más difícil.

Esto genera una paradoja: Europa impulsa políticas para acelerar la transición verde, pero al mismo tiempo refuerza su dependencia de cadenas externas para materializarla.

Además, el número de sectores con una presencia significativa de China sigue creciendo, lo que amplía el riesgo sistémico.

Diversificar… pero sin cambiar realmente

Durante los últimos años, muchas empresas han hablado de diversificación, de añadir proveedores alternativos, de reducir riesgos.

Pero a escala macro, ese movimiento apenas se percibe.

La estrategia conocida como China + 1 no ha logrado alterar el equilibrio global. China sigue siendo, en la práctica, insustituible en muchos segmentos, tanto por precio como por capacidad industrial.

Esto no significa que no haya cambios, sino que estos son graduales, tácticos y, sobre todo, insuficientes para modificar el mapa global.

El verdadero problema: una dependencia cada vez más sofisticada

Más allá de los flujos comerciales, hay un cambio de fondo que resulta especialmente preocupante.

Europa depende cada vez más de países no occidentales para productos complejos, difíciles de fabricar y críticos para su economía.

Esto introduce un nuevo nivel de vulnerabilidad. No se trata solo de dónde se compra, sino de qué se compra.

Y cuanto más sofisticado es ese producto, más difícil es sustituirlo en caso de disrupción.

En este contexto, el proteccionismo generalizado podría incluso resultar contraproducente, elevando costes y reduciendo eficiencia sin resolver el problema de fondo.

¿Qué margen tiene Europa?

El informe sugiere que, sin intervención pública, el cambio será limitado.

La relocalización, por sí sola, no es rentable en muchos casos. Requiere políticas activas, coordinación y una apuesta clara por sectores estratégicos.

Europa tiene herramientas —desde regulación hasta política industrial—, pero su implementación no es sencilla. Implica costes, tensiones internas y posibles fricciones con socios comerciales.

Además, existe una dificultad adicional: definir qué sectores son realmente estratégicos y merecen ese esfuerzo.

Resiliencia como aspiración, no como realidad

Europa ha asumido la necesidad de reforzar sus cadenas de suministro, pero no ha logrado transformar su estructura.

El modelo global sigue dominando, impulsado por la eficiencia económica y la especialización internacional.

En este escenario, la resiliencia no depende tanto de declaraciones o estrategias, sino de decisiones reales de inversión, producción y política industrial.

Y, por ahora, esas decisiones no han cambiado el sistema de forma significativa.

La pregunta clave no es si Europa quiere reducir su dependencia, sino si está dispuesta a asumir el coste que implica hacerlo.

Puedes consultar el informe en el siguiente link:

202603_EU_reshoring

Fuente: Oxford Economics

Foto: lukas-wsFrXqTvRyI-unsplash

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