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El precio de esperar: cada mes de guerra añade hasta ocho dólares al barril

JPMorgan pone precio a la duración del conflicto con Irán

El análisis más reciente de JPMorgan introduce una idea especialmente relevante: el riesgo ya no depende únicamente de que continúe la guerra, sino del tiempo durante el que permanezcan interrumpidos los flujos energéticos. El banco estima que cada mes adicional de disrupción podría añadir entre 7 y 8 dólares al precio del Brent y elevar su promedio mensual hacia los 114 dólares si el bloqueo se prolonga durante tres meses. Sin embargo, el dato más inquietante quizá no sea el precio del crudo, sino la progresiva desaparición de los colchones que hasta ahora han permitido absorber el mayor shock de oferta de las últimas décadas: caída de la demanda, reducción de las compras chinas, liberación de reservas y consumo de inventarios. Europa, además, afronta una tensión creciente en diésel, gas y productos refinados que no siempre queda reflejada en la cotización del barril.

Las claves

JPMorgan considera que el mercado ha resistido mejor de lo esperado una pérdida extraordinaria de suministro porque una parte importante del ajuste se ha producido por el lado de la demanda. El banco calcula que, frente a una reducción de la oferta próxima a 11,1 millones de barriles diarios, el consumo habría descendido alrededor de 5,1 millones, compensando aproximadamente el 46% del déficit.

Este equilibrio, sin embargo, no puede mantenerse indefinidamente. Cada nuevo mes obliga a retirar más petróleo de unos inventarios ya debilitados. Al mismo tiempo, la crisis se está desplazando desde el crudo hacia los combustibles que realmente utilizan el transporte y la industria: diésel, gasolina, queroseno, GLP, nafta y otros derivados.

La duración se convierte así en la variable decisiva. Una desescalada creíble podría provocar una corrección rápida del Brent. Pero una prolongación del bloqueo obligaría a competir por unos volúmenes cada vez más escasos, elevando no solo el precio de la energía, sino también el transporte, los seguros, los fletes y numerosos costes industriales.

Resumen ejecutivo: semáforo de escenarios

🟢 Desescalada y recuperación progresiva de los flujos.
La pausa en los ataques entre Estados Unidos e Irán ha hecho retroceder el Brent desde los 100 dólares hasta el entorno de 90–91 dólares. Si el acuerdo se consolida, mejora la seguridad marítima y regresan los petroleros, el mercado podría evolucionar hacia una normalización gradual. La EIA estadounidense sitúa el Brent alrededor de 70 dólares en el cuarto trimestre dentro de este escenario favorable. Sin embargo, la reconstrucción de inventarios y la recuperación de las refinerías requerirían varios meses.

🟡 Un mes adicional de disrupción.
JPMorgan estima un Brent medio próximo a 94 dólares por barril. La gasolina estadounidense —gasolina en surtidor, no gas natural— podría volver hacia 4,20 dólares por galón. El crudo seguiría siendo relativamente manejable, pero los mercados de diésel, productos refinados y gas continuarían tensionados, especialmente en Europa.

🔴 Entre dos y tres meses de bloqueo o inseguridad persistente.
Cada mes adicional podría añadir aproximadamente 7–8 dólares al barril. Con tres meses de disrupción, JPMorgan sitúa el promedio del Brent alrededor de 114 dólares. La gasolina estadounidense volvería a superar los 4,50 dólares por galón, aumentando la presión inflacionista y política. Para Europa, el riesgo se trasladaría con especial intensidad al diésel, el LNG, la logística y los costes industriales.

Una crisis distinta a las anteriores

La gráfica elaborada por JPMorgan muestra con claridad la excepcionalidad del episodio. Las exportaciones energéticas de Oriente Medio, que antes del conflicto se movían alrededor de 20–25 millones de barriles diarios, sufrieron un desplome abrupto cuando el tráfico por el estrecho de Ormuz quedó prácticamente paralizado.

Lo sorprendente es que una pérdida física de semejante magnitud no haya llevado al Brent de forma sostenida hacia los 150 o 200 dólares, como llegaron a anticipar algunos escenarios iniciales. Desde el comienzo del conflicto, a finales de febrero, el Brent alcanzó un máximo cercano a 126 dólares, pero promedió alrededor de 101 dólares hasta la primera tregua de junio. A comienzos de julio llegó incluso a regresar brevemente hacia los 70 dólares.

No ha sido una demostración de abundancia. Ha sido el resultado de una adaptación extraordinariamente intensa del sistema.

La producción de otras regiones aumentó, los gobiernos liberaron reservas estratégicas y los consumidores redujeron su utilización de combustibles. Pero la gran sorpresa llegó de China. El mayor importador mundial de crudo pasó de comprar cerca de 12 millones de barriles diarios a alrededor de 7 millones en junio.

China ha funcionado, en cierto modo, como un “consumidor de ajuste”. Sus refinerías redujeron actividad, se limitaron exportaciones de combustibles, se pospusieron proyectos intensivos en diésel y parte del transporte se desplazó hacia vehículos eléctricos, camiones de gas y ferrocarril. La industria petroquímica también redujo producción y consumió inventarios acumulados.

Esta flexibilidad explica buena parte de la relativa contención del precio. Pero también plantea una pregunta fundamental: ¿qué sucederá cuando la demanda comience a recuperarse y China deje de reducir sus importaciones?

El colchón se está agotando

La tesis de JPMorgan parte de una constatación sencilla: los inventarios pueden amortiguar un shock, pero no sustituir permanentemente a la producción.

La Agencia Internacional de la Energía calcula que la oferta mundial todavía se encontraba en junio unos 9,4 millones de barriles diarios por debajo del nivel previo a la guerra. Los inventarios observados aumentaron ligeramente ese mes, pero fue principalmente porque se acumuló petróleo en el mar. Los almacenamientos terrestres continuaron descendiendo y los países de la OCDE utilizaron alrededor de 44 millones de barriles de reservas gubernamentales.

La aparente calma del mercado esconde, por tanto, un desplazamiento del petróleo desde depósitos y reservas hacia el consumo. Cuanto más dure la interrupción, menor será la capacidad de repetir esa operación.

Esta es la razón por la que el modelo de JPMorgan no proyecta un salto único, sino una subida progresiva: cada mes adicional encuentra al mercado con menos inventarios disponibles, menos capacidad logística y menos margen para reducir nuevamente la demanda.

El verdadero shock está bajando por el barril

Uno de los aspectos más importantes del análisis es que la cotización del Brent ya no describe por sí sola la tensión energética.

Las refinerías de Asia y Europa han tenido que reducir su actividad ante la falta de determinados crudos y materias primas. Al mismo tiempo, las exportaciones de productos refinados desde Oriente Medio permanecen muy por debajo de los niveles anteriores al conflicto. El resultado es una escasez de combustibles utilizables incluso cuando existen cargamentos de crudo disponibles.

La Agencia Internacional de la Energía señalaba en julio que los flujos de crudo del Golfo habían recuperado cerca de tres cuartas partes de su nivel previo, mientras que las exportaciones de productos refinados y GLP seguían por debajo de la mitad. El petróleo puede volver a circular relativamente rápido; reiniciar refinerías, reorganizar mezclas de crudo y reconstruir inventarios de combustibles resulta mucho más lento.

Esta diferencia explica que los márgenes europeos del diésel hayan alcanzado niveles cercanos a 65 dólares por barril, mientras las existencias regionales se encuentran en su nivel más bajo desde 2022. Rusia, que antes de la última escalada exportaba cerca de un millón de barriles diarios de diésel, ha restringido sus ventas tras los ataques contra sus refinerías. China también ha limitado sus exportaciones para proteger su mercado interno.

Para una empresa industrial, el riesgo ya no es solamente cuánto costará el Brent. Importa saber si habrá suficiente diésel, qué recargo aplicará el transportista, cuánto subirá el flete marítimo, cómo evolucionarán los seguros y qué pasará con la disponibilidad de nafta, GLP, polímeros, fertilizantes y otros productos vinculados a la cadena energética.

Europa: gas, diésel y un invierno con poco margen

La exposición europea añade una segunda dimensión al escenario de JPMorgan.

Europa sustituyó gran parte del gas ruso por LNG y se convirtió en un comprador mucho más dependiente del mercado mundial. Esa transformación redujo la dependencia de un único proveedor, pero aumentó la sensibilidad ante las disrupciones marítimas y la competencia con Asia.

A finales de julio, los almacenamientos europeos de gas se encontraban alrededor del 55%, el nivel más bajo para estas fechas desde 2021. Las importaciones europeas de LNG podrían limitarse a unos 6,3 millones de toneladas durante julio, su menor volumen desde septiembre de 2024. El precio de referencia europeo superó recientemente los 60 euros por MWh.

Incluso aunque la pausa militar actual se transforme en una desescalada real, Europa deberá reconstruir simultáneamente sus inventarios de gas y diésel antes del invierno. Esto significa que una caída del Brent no implicaría necesariamente un alivio inmediato de todos los costes energéticos.

El barril puede reaccionar en cuestión de horas a una declaración política. Los inventarios, las rutas marítimas, las refinerías y los almacenamientos de gas necesitan meses para normalizarse.

La gasolina estadounidense como reloj político

JPMorgan incorpora además una variable que va más allá del mercado energético: el precio de la gasolina en Estados Unidos.

La media nacional ha vuelto a superar los 4 dólares por galón. El banco calcula que un mes más de disrupción podría llevarla hacia 4,20 dólares y dos meses adicionales por encima de 4,50 dólares.

Estos niveles tienen una importancia política considerable ante las elecciones legislativas de noviembre. El encarecimiento de la gasolina es uno de los indicadores de inflación más visibles para el consumidor estadounidense y puede acelerar la búsqueda de una salida diplomática.

El precio de la energía se convierte así en una especie de reloj político. Cada semana de interrupción reduce inventarios, eleva los costes y aumenta la presión sobre Washington para estabilizar Ormuz. Pero esa misma presión no garantiza un acuerdo duradero ni una recuperación inmediata del tráfico comercial.

La pausa militar reduce el precio, pero no reabre automáticamente las rutas

La reacción del mercado del 27 de julio ilustra perfectamente esta diferencia. El Brent cayó más de un 6% tras la pausa de los ataques entre Estados Unidos e Irán. Sin embargo, durante el fin de semana continuaron atravesando el estrecho de Ormuz menos de diez buques de mercancías al día.

Los armadores, aseguradores y operadores necesitan garantías de seguridad antes de volver a introducir petroleros vacíos en la zona. También sigue abierta la amenaza sobre Bab el-Mandeb y el mar Rojo, que afecta precisamente a la principal ruta alternativa utilizada por Arabia Saudí.

Por ello, el mercado debe distinguir entre tres acontecimientos diferentes: una pausa militar, un acuerdo político y una normalización física de los flujos. El primero puede hacer caer el precio inmediatamente. Solo el tercero permite reconstruir inventarios y reducir de forma sostenible el riesgo energético.

Conclusión

JPMorgan no está afirmando que el Brent vaya necesariamente a alcanzar los 114 dólares. Está mostrando qué ocurre si el tiempo pasa sin que se recuperen los flujos físicos.

La economía mundial ha absorbido hasta ahora una disrupción extraordinaria gracias a la destrucción de demanda, la flexibilidad de China, las reservas estratégicas y el consumo de inventarios. Pero todos esos mecanismos tienen límites.

La pausa militar abre una ventana para la desescalada y ya ha reducido el precio del petróleo. Sin embargo, el verdadero indicador de normalización no será una declaración ni una jornada de caída del Brent. Será la recuperación sostenida del tráfico marítimo, la reapertura de las refinerías y la reconstrucción de los inventarios.

Hasta entonces, la principal variable energética no será solo la intensidad del conflicto. Será su duración.

Fuentes: JPMorgan Global Commodities Research, equipo dirigido por Natasha Kaneva; MarketWatch; Agencia Internacional de la Energía, Oil Market Report de julio de 2026; U.S. Energy Information Administration, Short-Term Energy Outlook; Reuters, evolución del petróleo y pausa militar; Reuters, demanda e importaciones de China; Reuters, situación europea del gas y el diésel.

 

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