Contexto:
- Traemos a Canal ATEGI el reciente informe titulado “A.I. and Our Economic Future” de Charles I. Jones, catedrático de la Stanford Graduate School of Business e investigador asociado del National Bureau of Economic Research (NBER). Jones es reconocido mundialmente como una de las voces más autorizadas en la teoría del crecimiento económico moderno, habiendo dedicado su carrera a entender cómo las ideas y la tecnología impulsan la prosperidad a largo plazo.
- El objetivo fundamental de este estudio es analizar, desde el rigor de la teoría macroeconómica, qué sucede cuando una tecnología no solo ayuda al ser humano, sino que comienza a automatizar la inteligencia misma. El profesor Jones busca responder si la Inteligencia Artificial provocará un crecimiento explosivo nunca antes visto o si, por el contrario, seguirá la senda de “normalidad” de otras grandes revoluciones industriales, enfrentándose a cuellos de botella que limiten su impacto real en nuestra calidad de vida. Es una hoja de ruta esencial para entender el cambio de paradigma que definirá la economía de la próxima generación.
Las claves del informe:
-
🟢 Oportunidades de Crecimiento. La IA tiene el potencial de actuar como un “país de genios en un centro de datos”. Podría resolver cuellos de botella científicos en medicina y energía, elevando los niveles de vida de forma global.
-
🟡 La Paradoja de los “Eslabones Débiles”. Aunque automaticemos el 90% de las tareas, el crecimiento total estará limitado por las tareas que aún requieran intervención humana (eslabones débiles). El impacto en el PIB podría ser más gradual de lo que sugiere la potencia de la tecnología.
-
🔴 Riesgos Existenciales y de Distribución. Existe un riesgo no despreciable de catástrofe por malos actores o pérdida de control. Además, la estructura del mercado laboral cambiará radicalmente, exigiendo nuevos modelos de redistribución de la riqueza para evitar una desigualdad extrema.
La historia de la humanidad está marcada por tecnologías de propósito general (GPT) que han redefinido nuestra existencia. El vapor, la electricidad y los semiconductores no solo mejoraron lo que ya hacíamos, sino que permitieron hacer cosas que antes eran inimaginables. Sin embargo, la Inteligencia Artificial se presenta hoy no como una herramienta más, sino como el motor de una transformación que podría ser, por primera vez, cualitativamente distinta. La premisa es simple pero profunda: estamos automatizando la inteligencia misma.
El Dilema de los Dos Escenarios
Al mirar hacia los próximos 25 o 30 años —el tiempo que tarda un niño nacido hoy en convertirse en adulto—, los economistas barajan dos futuros extremos. El primero es el del crecimiento acelerado. En este mundo, la IA no solo ayuda a escribir correos, sino que asume el rol de investigadores y desarrolladores de software. Si la IA puede realizar investigación de IA, entramos en un bucle de “mejora recursiva” donde la tecnología se perfecciona a sí misma a una velocidad vertiginosa. Imagine miles de millones de instancias de modelos de nivel genio trabajando 24/7 para curar enfermedades, diseñar nuevos materiales o dominar la fusión nuclear. En este escenario, el crecimiento económico no solo continúa, sino que se dispara.
El segundo escenario es el de la “normalidad tecnológica” (Business as Usual). Si observamos los últimos 150 años, a pesar de inventos tan disruptivos como el avión o internet, la tasa de crecimiento del PIB per cápita en EE. UU. se ha mantenido sorprendentemente estable en torno al 2% anual. Desde esta perspectiva, la IA es simplemente el siguiente “gran invento” necesario para evitar que el crecimiento se estanque, manteniendo la inercia del progreso pero sin romper los termómetros de la economía.
La Teoría de los Eslabones Débiles: Por qué la IA no nos hará ricos de la noche a la mañana
Uno de los aportes más lúcidos del informe es el marco de los “eslabones débiles” (Weak Links). En economía, muchas tareas son complementarias. Si para producir un bien necesitas diez tareas y automatizas nueve de ellas hasta que su coste sea casi cero, el valor total de la producción seguirá estando limitado por la dificultad y el coste de la décima tarea, la que aún no se ha podido automatizar.
Este fenómeno explica por qué, aunque la IA sea increíblemente eficiente en generar código de software, el impacto inmediato en el PIB es limitado. El software representa aproximadamente el 2% del gasto del PIB. Incluso si tuviéramos software “infinito” y gratuito, si el resto de los procesos físicos o regulatorios siguen siendo lentos, la ganancia económica total sería de apenas ese 2% inicial. La economía es tan fuerte como su eslabón más débil, y mientras existan tareas humanas esenciales que la IA no pueda realizar, el crecimiento será “domesticado” por estas limitaciones.
El Mercado Laboral: De la Sustitución a la Abundancia
La preocupación social más inmediata es, sin duda, el empleo. El informe sugiere una visión matizada: los trabajos no son tareas únicas, sino paquetes de ellas. El caso de los radiólogos es paradigmático: en 2016 se predijo su desaparición, pero hoy hay más radiólogos que nunca y ganan más. ¿Por qué? Porque la IA automatizó la tarea de lectura de escáneres, permitiendo que el médico se centrara en otras labores del “paquete” que la máquina no puede hacer, aumentando así su productividad general.
Sin embargo, el largo plazo plantea un desafío de identidad y distribución. Si llegamos a un mundo de abundancia donde la mayoría de las tareas son realizadas por máquinas, el “tamaño del pastel” será enorme, pero el mecanismo tradicional de reparto —el salario por el trabajo— podría romperse. Aquí es donde la política económica debe ser creativa, considerando opciones como dotar a cada ciudadano desde su nacimiento con participaciones en los mercados de capitales (como el S&P 500) para asegurar que todos compartan los beneficios de la automatización.
El Riesgo Catastrófico: Una Perspectiva Económica
No se puede hablar de IA sin mencionar los riesgos existenciales. El informe divide estas amenazas en dos: los malos actores y la inteligencia alienígena. En el primer caso, la IA democratiza el acceso a “botones rojos”: modelos que pueden diseñar bioweapons más letales que cualquier virus conocido, accesibles para miles de personas. En el segundo, estamos creando una forma de inteligencia que no entendemos del todo y sobre la cual debemos aprender a mantener el control permanentemente.
La pregunta que lanza el autor es: ¿Cuánto riesgo estamos dispuestos a aceptar a cambio de un crecimiento del 10%?. Curiosamente, si la IA promete beneficios médicos radicales —como curar el cáncer o duplicar la esperanza de vida—, los seres humanos estamos dispuestos económicamente a aceptar riesgos mucho mayores. Al final, lo que valoramos es no morir, independientemente de la causa.
Bajo esta lógica, el informe concluye que estamos invirtiendo masivamente menos de lo debido en seguridad de la IA. Dado lo valiosa que es la vida humana en los estándares actuales (valorada en unos 10 millones de dólares por las agencias gubernamentales), dedicar un 5-10% del PIB a mitigar riesgos que podrían acabar con la humanidad no sería solo prudente, sino económicamente racional.
En este link puedes acceder al informe completo:
Fuente: Chad Jones- Stanford GSB
Foto: umberto-jXd2FSvcRr8-unsplash
EN
ES
EU


