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El Nuevo Paradigma: China, EE. UU. y la Era del “Acomodo Estratégico”

Las claves:

  • Tras los recientes datos de crecimiento del PIB chino y la tregua diplomática alcanzada en Busan, la relación entre las dos mayores potencias del mundo no ha vuelto a la “normalidad”, sino que ha mutado hacia un escenario inédito. A continuación, desglosamos los pilares que definen este nuevo orden económico y político, basados en las tesis del Dr. Zhao Hai (CASS) y la realidad de los mercados actuales.
  • ¿Por qué es vital conocer esta visión? Analistas como Zhao Hai operan en el corazón de la Academia China de Ciencias Sociales (CASS), el principal órgano consultivo de Pekín. Su perspectiva nos permite anticipar que el comportamiento de China no es una reacción errática, sino una estrategia de largo plazo diseñada para forzar una convivencia multipolar donde la eficiencia industrial es la nueva moneda de poder.

Del Conflicto a la “Tolerancia Mutua” (Strategic Accommodation)

Hemos entrado en una fase que Zhao Hai denomina “Acomodo Estratégico”. A diferencia del deshielo de décadas pasadas, este modelo no busca la amistad, sino la supervivencia. Ambas potencias han aceptado que ninguna puede transformar la estructura interna de la otra. Este paradigma se caracteriza por una competencia con límites definidos, una gestión proactiva para evitar el conflicto militar y una estabilización del comercio en sectores no sensibles, permitiendo que la economía global respire a pesar de la rivalidad subyacente.

China como el “Challenger” de Paridad Económica

La percepción de Washington sobre Pekín ha completado su evolución. Ya no se ve a China simplemente como un competidor regional o un rival ideológico, sino como un “near-peer competitor” (competidor casi paritario). Esta nueva etiqueta en la Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU. implica que el país norteamericano ya no lucha por la hegemonía global absoluta, sino por su propia soberanía económica, tratando de reducir su dependencia de las cadenas de suministro chinas en sectores críticos.

La Inversión de Roles: EE. UU. a la Defensiva

Un fenómeno sociopolítico fascinante en este 2026 es el cambio de narrativa. Ahora es Estados Unidos quien adopta un lenguaje de “defensa” y “soberanía”. Washington se presenta como víctima de la “coerción económica” china para justificar un “desacoplamiento estratégico defensivo”. Este giro hacia el interior busca reconstruir la independencia industrial estadounidense, mientras China utiliza su robusta producción para demostrar que es un socio inevitable en el comercio global no regulado.

La “Guerra Cultural” Americana: Un Factor Generacional

Un error común en el análisis internacional es considerar el proteccionismo estadounidense como un fenómeno transitorio ligado a figuras políticas específicas. Zhao Hai advierte que el giro “hacia adentro” de EE. UU. responde a una “guerra cultural interna” que durará al menos una generación. El fin de la globalización tradicional no es un bache en el camino, sino un cambio estructural; la volatilidad y los ciclos de oscilación política son ahora la “nueva normalidad” con la que las empresas deben convivir.

La “Jugada Ganadora”: La Nueva Matriz Energética

En la carrera por la supremacía, China ha identificado su mayor ventaja competitiva: la soberanía energética. Mientras EE. UU. ha experimentado retrocesos en su transición verde debido a vaivenes políticos, China ha consolidado un sistema energético basado en renovables que le permite alejarse de la dependencia de los combustibles fósiles. Este liderazgo en la tecnología verde no es solo un hito ecológico, sino el verdadero “escudo soberano” que posiciona a China como el nodo indispensable de la economía del siglo XXI.

La Estrategia del “Luchar para Negociar”

Finalmente, la realidad económica actual impone una máxima pragmática: la única forma de alcanzar acuerdos favorables es demostrar capacidad de resistencia. Pekín aplica el concepto de “luchar para negociar”, entendiendo que sin fortaleza en la disputa comercial no existe posibilidad de un asentamiento justo. No obstante, el éxito de este modelo exportador chino empieza a generar tensiones no solo con Washington, sino con el resto de economías del mundo, lo que obligará a China a equilibrar su superávit comercial para evitar un aislamiento global.

Este es su discurso inaugural en el 463.º Seminario Quincenal CF40 sobre «Tendencias económicas de EE. UU. y perspectivas para las relaciones económicas y comerciales entre China y EE. UU.»:

Un nuevo paradigma de competencia estratégica entre Estados Unidos y China

El cambio en la actitud de Estados Unidos hacia China

Esta visita a los Estados Unidos fue una oportunidad de aprendizaje excepcionalmente valiosa y tiene un valor educativo significativo para mí.

En primer lugar, me gustaría reflexionar sobre la transformación de mi comprensión personal durante el último medio año.

Permítanme comenzar abordando el tema de la inflación. La noche que llegué a Nueva York, compré un perrito caliente común y corriente por la asombrosa suma de 17 dólares, lo que me dejó profundamente impactado. Tras observar con más detalle otros precios al consumidor, si se elimina el símbolo del dólar, los precios actuales en Estados Unidos son prácticamente comparables a los de las ciudades chinas de tercer nivel. La inflación se ha convertido claramente en un problema grave; esta fue mi primera impresión.

Desde agosto de 2025 hasta la fecha, he visitado Estados Unidos tres veces, y esta visita fue bastante sorprendente. La recepción que recibimos fue marcadamente diferente del ambiente de “pensamiento de fondo” de las dos visitas anteriores. En un intercambio anterior, figuras del MAGA discutieron las relaciones entre Estados Unidos y China y la situación con China de una manera completamente distinta a la de los think tanks y círculos de élite tradicionales de Washington . Argumentaron que la política exterior estadounidense debe cambiar; las políticas de los últimos 20 años han sido un completo fracaso. La guerra contra el terrorismo, en particular, consumió enormes recursos fiscales y ejerció una fuerte presión económica sobre la sociedad estadounidense. Creen que las responsabilidades internacionales que Estados Unidos ha asumido no han traído ningún beneficio a la población nacional.

Esta visita se centró principalmente en cuestiones económicas, comerciales y financieras. Mis conocimientos en este campo son limitados, así que principalmente desempeñé un papel de apoyo desde la barrera. Más tarde, cuando las discusiones se centraron en cómo interpretar la última Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), en particular en lo que respecta a la futura dirección de la legislación estadounidense, desarrollé nuevas ideas. Propuse el concepto de «Acomodo Estratégico», aunque todavía no he encontrado una traducción adecuada al chino.

En el diccionario, “acomodación” se refiere a un acuerdo especial; quizás podría traducirse como “tolerancia mutua”. Actualmente circulan diversas definiciones de las relaciones entre Estados Unidos y China: una perspectiva, representada por Niall Ferguson, sostiene que Estados Unidos y China han entrado en un período de “distensión” similar al de la Guerra Fría; a nivel nacional, también se afirma que Estados Unidos y China han entrado en una “fase de estancamiento”. Más adelante explicaré por qué me vino a la mente este término y qué abarca. Creo que las relaciones entre Estados Unidos y China están evolucionando hacia un nuevo paradigma, que involucra múltiples factores.

Posicionamiento de China en tres informes de estrategia de seguridad nacional

Al comparar los tres documentos de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de 2017, 2022 y 2025, se pueden observar claramente los cambios en el pensamiento estratégico estadounidense y cómo la clase dominante percibe las relaciones entre Estados Unidos y China.

En 2017, Estados Unidos designó por primera vez a China como “competidor”. Sin embargo, cabe destacar que en todas las referencias se emparejó a China con Rusia como competidores, lo que indica que Estados Unidos reconocía el surgimiento de rivales globales, pero no había señalado específicamente a China. Las principales preocupaciones se centraban en la intención de China de desplazar a Estados Unidos en la región del Indopacífico, expulsarlo de la zona y buscar el dominio regional. Para Estados Unidos —que en aquel momento aún se consideraba una potencia hegemónica mundial— esto era inaceptable; ni siquiera podía tolerar que China se convirtiera en una potencia hegemónica regional.

Para 2022, la narrativa había virado hacia una supuesta lucha entre “democracia y autoritarismo”. China seguía siendo vista como un competidor, pero ahora se le asignaba una definición ideológica: se la caracterizaba como el único competidor con la intención de transformar el orden internacional y las capacidades económicas, diplomáticas, militares y tecnológicas para impulsar ese objetivo. En ese momento, China se convirtió en un competidor integral, a largo plazo y sistémico de Estados Unidos, a diferencia de Rusia. Rusia, tras haber iniciado el conflicto en Ucrania, era vista como un “disruptor” y una amenaza inmediata y real. Sin embargo, a ojos de los liberales estadounidenses, Rusia carecía de la capacidad para desafiar realmente la hegemonía estadounidense, mientras que se creía que China poseía ese potencial.

El documento estratégico 2025 introdujo un cambio crucial en el posicionamiento de China: se la definió como un “retador fuera del hemisferio occidental” y un “competidor económico casi par”. Esta definición, enmarcada geográficamente, conlleva profundas implicaciones estratégicas: Estados Unidos está virando hacia una “Doctrina neo-Monroe”, que considera a China como un competidor más allá del hemisferio occidental, al tiempo que eleva su estatus a casi la paridad con el poder estadounidense.

La estrategia para lidiar con un país mucho más débil que uno, que presenta desafíos en ciertas áreas pero se queda atrás en la mayoría, es necesariamente diferente de la estrategia para lidiar con un país con un peso casi igual en todos los ámbitos. En consecuencia, la administración Trump ha abandonado en gran medida el debate sobre ideología o valores, priorizando en cambio el reequilibrio de las relaciones económicas con China, priorizando la reciprocidad, reconstruyendo la independencia económica estadounidense mediante la reciprocidad y la equidad, centrándose en la balanza comercial con China y concentrándose en sectores no sensibles.

Con el tono establecido en la Estrategia de Seguridad Nacional, los funcionarios del gobierno estadounidense también dejaron claro en sus intercambios con nosotros: la interacción económica con China continuará en los sectores no sensibles, mientras que la independencia estadounidense se mantendrá en otras áreas. La Estrategia de Seguridad Nacional enfatiza repetidamente la soberanía estadounidense: una inversión entre la ofensiva y la defensiva. Estados Unidos ahora acusa con frecuencia a China de intimidar y coaccionar a Estados Unidos, alegando que China ha causado la pérdida de la independencia económica de Estados Unidos y que busca escapar de la supuesta opresión de las cadenas de suministro chinas. Este cambio es inconfundible.

La conexión de estos tres documentos lleva a una conclusión: lo que permanece constante es la competencia: Estados Unidos tiene la genuina intención de entablar una competencia estratégica con China. Sin embargo, la esencia de la “competencia” tiene diferentes significados según las facciones políticas. En conjunto, la intención estratégica de Estados Unidos en estas tres fases puede resumirse de la siguiente manera: la lucha por el dominio regional, la lucha por la autoridad sobre el orden internacional y la lucha por la soberanía económica.

Visualizando un nuevo paradigma

Con base en lo anterior, ¿cómo podría concretarse un “Acuerdo Estratégico”? Creo que las condiciones ya están prácticamente dadas: nuestra diplomacia en las cumbres ha madurado considerablemente; la interdependencia económica es difícil de desmantelar; y la tecnología se desarrolla en paralelo; Estados Unidos ya no puede frenar el impulso innovador de China. Se prevé que las tensiones geopolíticas entre las principales potencias se alivien gradualmente en 2026; el conflicto entre Rusia y Ucrania y los problemas de Oriente Medio siguen siendo, en general, manejables; y las capacidades militares de Estados Unidos y China están avanzando hacia el equilibrio. El hecho de que el informe sobre el poder militar de Estados Unidos aún no se haya publicado refleja, en cierta medida, la dificultad de describir con precisión el equilibrio actual.

Este nuevo paradigma presenta cuatro características. En primer lugar, se observa un cambio de la intensa competencia de la era Biden a la actual cooperación pasiva; la cooperación en el problema del fentanilo es un ejemplo típico. En segundo lugar, se observa una desescalada gradual del conflicto y una creciente estabilización de las relaciones económicas. En tercer lugar, las relaciones bilaterales están entrando en una fase de gestión más proactiva, en la que ambas partes evitan interferir en los intereses fundamentales de la otra. Por último, se observa una “disociación estratégica defensiva”: la dirección general de la disociación estratégica se mantiene sin cambios, pero ambas partes proceden con mayor cautela.

Implicaciones políticas y recomendaciones

En conclusión, algunas reflexiones políticas:

En primer lugar, la experiencia ha demostrado que, en respuesta a las guerras comerciales iniciadas por Estados Unidos, debemos luchar para negociar: sin la capacidad de ganar, no puede haber un acuerdo favorable.

En segundo lugar, el “giro hacia adentro” de Estados Unidos se deriva de una “guerra/revolución cultural”. La percepción interna estadounidense sobre la naturaleza de su lucha actual no es un fenómeno de corto plazo ; los ciclos de oscilación más cortos son la nueva normalidad, y los ajustes estructurales tardarán una generación. Algunos creen que, una vez que Trump deje el cargo, todo volverá a la normalidad y Estados Unidos volverá a su estado anterior. Considero esto poco realista.

En tercer lugar, durante los próximos tres años, debemos centrarnos en Trump y su movimiento MAGA con una mano, y al mismo tiempo prepararnos con la otra para posibles cambios en la ideología del Partido Demócrata y su potencial regreso al poder.

En cuarto lugar, si bien la fricción económica y comercial entre Estados Unidos y China sigue en general bajo control, también debemos prestar atención al creciente riesgo de fricción entre China y las economías no estadounidenses, así como a la presión que lo acompaña para una apreciación del RMB.

Finalmente, fortalecer la construcción de un nuevo sistema energético podría ser la estrategia ganadora de China. En la actual competencia entre Estados Unidos y China , ¿dónde se ha quedado atrás Estados Unidos? Ha perdido terreno precisamente porque China ha construido un nuevo sistema energético que se aleja progresivamente de los combustibles fósiles. Trump tomó una decisión errónea al revertir la transición de Estados Unidos hacia nuevas fuentes de energía. Este avance por un lado y retroceso por el otro ha creado una brecha entre China y Estados Unidos en este ámbito. A medida que la tendencia global continúa hacia una transición verde, esto posiciona a China como líder en dicha transformación.

 

 

Fuentes: Oficina Nacional de Estadística de China (NBS), The Wall Street Journal,  Zhao Hai, China Daily, South China Morning Post

Foto: pawel-janiak-8UzhdypkVzg-unsplash

 

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