Las claves
- La nueva línea de emergencia acordada por Donald Trump y Xi Jinping reconoce que la carrera por la inteligencia artificial ha alcanzado una dimensión estratégica comparable a otras tecnologías críticas: ninguna de las dos potencias quiere frenar su desarrollo, pero ambas necesitan mecanismos para evitar que un accidente desencadene una crisis.
- El acuerdo no supone una tregua tecnológica ni establece estándares comunes de seguridad: Washington y Pekín siguen compitiendo por modelos, chips, capacidad de computación, energía y liderazgo global, mientras China reduce distancias y gana presencia internacional con modelos abiertos.
- La paradoja está en Europa: la UE posee probablemente el marco regulatorio más desarrollado, pero su retraso en modelos de frontera y capacidad de computación limita su influencia real sobre unas reglas globales que, cada vez más, parecen definirse entre Estados Unidos y China.
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