Tras analizar en una primera publicación de hoy en el canal ATEGI, el enfoque de JPMorgan, que ponía el foco en las tensiones del mercado físico del petróleo y en un posible desequilibrio más profundo de lo que reflejan los precios, abordamos ahora el análisis de Goldman Sachs, que examina el mismo shock energético desde una perspectiva macro e industrial europea.
Ambos coinciden en el origen del problema, una disrupción relevante en la oferta energética global, pero difieren en su interpretación: frente a la advertencia de JPMorgan sobre un mercado potencialmente desajustado, Goldman plantea un escenario de impacto más acotado, transitorio y gestionable para la industria. Este contraste no es menor y obliga a las empresas a moverse entre dos lecturas: una de ajuste progresivo y otra de posible tensión latente, con implicaciones muy distintas en términos de costes, demanda y planificación operativa.
- El conflicto en Oriente Medio y el casi cierre del estrecho de Ormuz siguen provocando importantes perturbaciones en el suministro energético mundial, con aumentos significativos en los precios de la energía durante el último mes y una notable revisión al alza de nuestras previsiones. En el informe de esta semana, analizamos las implicaciones de la crisis energética en las industrias manufactureras europeas, destacando tres diferencias clave con respecto a la crisis energética europea de 2022/23.
- En primer lugar, se prevé que la actual crisis de precios sea menor y menos persistente, mientras que la desvinculación del gasoducto ruso, iniciada en 2022/23, se ha mantenido. Por consiguiente, esperamos que el impacto global de la crisis sea menor y que las interrupciones en la capacidad productiva de las industrias de alto consumo energético sean menos probables que durante la crisis de 2022/23. Estimamos una caída del 2 % en la producción industrial para finales de 2027, en comparación con nuestra estimación anterior de una caída del 4 % en la producción industrial derivada de la crisis de 2022/23.
- En segundo lugar, la actual crisis de suministro se centra menos en el gas y más en el petróleo. La crisis de 2022/23 se debió fundamentalmente a una drástica reducción del suministro de gas ruso por gasoducto a Europa y afectó especialmente a un reducido grupo de industrias con alto consumo de gas. La crisis actual es principalmente de suministro de petróleo y tiende a reducir la producción industrial en general, afectando también negativamente a los productores de bienes de capital y a los sectores orientados a la exportación.
- En tercer lugar, la crisis actual es mucho menos específica de Europa y de carácter más global. En 2022/23, los cambios en el mercado energético se centraron principalmente en Europa, lo que provocó importantes desventajas de costes para las industrias de alto consumo energético, sobre todo en comparación con China, y un aumento de la competencia de las importaciones. En esta ocasión, las presiones sobre los precios de la energía son más globales, y Asia parece verse afectada en una medida similar (o incluso mayor). Por lo tanto, las industrias europeas de alto consumo energético parecen menos expuestas a las presiones de la competitividad. Es probable que las industrias no intensivas en energía —que anteriormente sustituían los productos intermedios nacionales de alto consumo energético, más caros, por importaciones de menor coste— estén relativamente más expuestas a la crisis actual.
- En conjunto, nuestro análisis sugiere que el impacto general de la actual crisis de precios de la energía en la industria manufacturera europea debería ser notablemente menor que en 2022, y se prevé que sea menos severa y menos persistente. Es probable que la crisis energética también se concentre menos en las industrias de alto consumo energético que durante la crisis energética europea, pero podría afectar relativamente más al sector manufacturero en general, dado su mayor dependencia del petróleo y su posible mayor impacto en la demanda global.









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