China ha conseguido que una parte creciente del comercio internacional se facture, liquide y financie en renminbi. Ahora afronta un desafío mucho más difícil: convencer a bancos centrales, empresas e inversores de que mantengan voluntariamente sus ahorros en activos chinos. Pekín está construyendo las infraestructuras necesarias, pero convertirse en moneda de reserva exige algo que China siempre ha administrado con cautela: liquidez, apertura y libertad para entrar y salir.
Las claves
La internacionalización de una moneda no es un único proceso, sino tres: utilizarla para pagar, recurrir a ella para financiarse y conservarla como inversión. El renminbi ha avanzado con rapidez en las dos primeras funciones gracias al peso comercial de China, sus bancos y su sistema de pagos CIPS. Sin embargo, su presencia en las reservas mundiales permanece estancada alrededor del 2%, mostrando que utilizar una moneda no equivale a confiar en ella como depósito de valor.

Resumen ejecutivo
🟢 Comercio y financiación. El renminbi representaba en enero de 2026 el 8,46% de la financiación comercial canalizada mediante SWIFT, por delante del euro y solo por detrás del dólar.
🟠 Pagos internacionales. Su participación en los pagos mundiales alcanzaba el 3,13% y ocupaba la quinta posición. Es un avance significativo, pero todavía muy alejado del dólar y el euro.
🔴 Reservas oficiales. Según el FMI, el renminbi suponía únicamente el 1,99% de las reservas mundiales en el primer trimestre de 2026, frente al 57,13% del dólar y el 20,03% del euro.
🔵 Nueva infraestructura. China ha creado una facilidad de liquidez para bancos centrales, futuros sobre deuda pública en Hong Kong y nuevas conexiones de compensación y liquidación. El objetivo ya no es solo facilitar pagos, sino hacer que los activos en renminbi puedan negociarse, financiarse y cubrirse.
Una moneda debe superar tres pruebas
La internacionalización del renminbi suele describirse como una carrera frente al dólar. Pero esta imagen oculta que una moneda internacional debe superar tres pruebas diferentes.
La primera es ser aceptada como medio de pago. Una empresa china compra petróleo, maquinaria o minerales y liquida la operación en renminbi.
La segunda es convertirse en moneda de financiación. Bancos, empresas y gobiernos emiten deuda o reciben préstamos denominados en ella.
La tercera, y mucho más exigente, es transformarse en una reserva de valor: que inversores y bancos centrales quieran conservar activos en renminbi incluso cuando no tienen pagos que realizar en China.
Pekín ha progresado notablemente en las dos primeras. La tercera apenas comienza.

Primera puerta: el comercio
La principal ventaja de China es su posición en la economía real. Es el mayor exportador mundial, el principal comprador de numerosas materias primas y un socio comercial esencial para Asia, África, América Latina y Europa.
Esa capacidad permite a las empresas chinas solicitar que determinadas operaciones se liquiden en su propia moneda. La proporción del comercio chino de bienes pagado en renminbi habría pasado de alrededor del 15% en 2021 a algo más del 30% en 2025.
También ha crecido la infraestructura que sostiene estas operaciones. El sistema chino de pagos transfronterizos CIPS procesó 175 billones de yuanes en 2024, un 43% más que el año anterior. Durante marzo de 2026, en un contexto de elevada tensión geopolítica, su volumen diario medio alcanzó un récord de 920.500 millones de yuanes.
CIPS no sustituye completamente a SWIFT: uno realiza principalmente funciones de compensación y liquidación, mientras el otro proporciona mensajería financiera. Pero ofrece a China un circuito propio para procesar pagos en renminbi y reduce su dependencia operativa de infraestructuras occidentales.
El resultado ya es visible. Según SWIFT, el renminbi concentraba en enero de 2026 el 8,46% de la financiación comercial mundial registrada en su red, frente al 5,57% del euro. El dólar continuaba dominando con más del 80%, pero el renminbi se había consolidado en segunda posición.
Segunda puerta: financiarse en yuanes
El segundo avance procede del crédito. Los bancos chinos han ampliado sus préstamos internacionales y los bajos tipos de interés han convertido al renminbi en una moneda atractiva para financiar actividades en Asia.
En paralelo, están creciendo dos mercados de deuda:
- Los bonos panda, emitidos en la China continental por entidades extranjeras.
- Los bonos dim sum, emitidos en renminbi fuera de China, principalmente en Hong Kong.
Durante el primer semestre de 2026, las emisiones de ambos mercados alcanzaron conjuntamente unos 510.000 millones de yuanes, más de un 60% por encima del año anterior. Aproximadamente la mitad correspondió a prestatarios internacionales.
Commerzbank, Engie, Henkel y el Gobierno portugués figuran entre las entidades que han utilizado recientemente estos mercados. Portugal captó cerca de 2.000 millones de yuanes y transformó posteriormente los fondos a euros, consiguiendo una pequeña reducción del coste financiero.
Esto demuestra que una divisa puede internacionalizarse como moneda de financiación sin que quienes se endeudan deseen mantenerla. Una empresa puede emitir deuda en yuanes, aprovechar su menor coste y convertir inmediatamente los recursos a euros o dólares.

La tercera puerta: querer conservar el renminbi
El salto decisivo aparece cuando el receptor de los yuanes decide no venderlos y los invierte en bonos chinos.
Para conseguirlo no basta con ofrecer rentabilidad. El inversor necesita un mercado suficientemente profundo para comprar y vender grandes volúmenes, derivados para cubrir tipos de interés y divisa, mecanismos de financiación mediante repos y la seguridad de poder repatriar el capital en cualquier circunstancia.
Los bonos del Tesoro estadounidense reúnen esas condiciones. Se negocian globalmente, se utilizan como garantía en innumerables operaciones y pueden convertirse en liquidez casi de forma inmediata. Su importancia no depende únicamente de la economía estadounidense: son una pieza central del funcionamiento diario del sistema financiero mundial.
China todavía no ofrece una infraestructura comparable. La presencia extranjera en su mercado interno de bonos permanece por debajo del 2% del total, tras haber superado el 3% en su máximo. Los rendimientos son reducidos, los instrumentos de cobertura tienen menor profundidad y las restricciones a los movimientos de capital siguen pesando en las decisiones de los grandes inversores.
Los datos del FMI confirman esa distancia. En el primer trimestre de 2026, el dólar representaba el 57,13% de las reservas oficiales, el euro el 20,03% y el renminbi únicamente el 1,99%. Este último porcentaje apenas ha variado durante los últimos años.
Pekín empieza a construir las piezas que faltaban
El Foro de Lujiazui de junio de 2026 marcó un cambio relevante. El Banco Popular de China anunció una facilidad de recompra que permitirá a bancos centrales, instituciones internacionales y fondos soberanos obtener liquidez en renminbi aportando como garantía deuda pública china y otros activos de alta calidad.
El mecanismo reproduce parcialmente una función esencial de los grandes mercados de reserva: convertir bonos en dinero sin necesidad de venderlos en momentos de tensión.
En agosto, Hong Kong lanzó el primer futuro offshore sobre bonos del Gobierno chino a cinco años. El contrato permite a los inversores internacionales cubrir variaciones de tipos de interés sin tener que operar directamente en el mercado continental.
China también está reforzando Hong Kong como puente financiero. CMU OmniClear, su depositario de renta fija, ha activado una conexión directa con SIX, el depositario central suizo. Euroclear trabaja para que los bonos chinos adquiridos mediante Bond Connect puedan utilizarse como garantía en operaciones internacionales.
La reciente designación de Deutsche Bank como primer banco europeo de compensación en renminbi añade otra pieza: facilita a las empresas europeas liquidar operaciones directamente y reduce algunas fricciones entre los sistemas financieros chino y europeo.
Son avances importantes porque atacan problemas concretos: liquidez, cobertura, compensación, custodia y utilización de activos chinos como colateral.
La paradoja del control
La dificultad central, sin embargo, no es tecnológica. Es institucional.
Una moneda de reserva debe poder circular libremente y ofrecer la certeza de que el inversor podrá venderla o transferirla incluso durante una crisis. Esto requiere mercados abiertos, previsibilidad regulatoria, transparencia y límites claros a la intervención del emisor.
China quiere ampliar la utilización internacional del renminbi sin renunciar al control de su cuenta de capital. Puede facilitar pagos, ofrecer crédito, construir sistemas de compensación y proporcionar liquidez a determinadas instituciones. Pero los inversores también valoran qué ocurriría si Pekín considerase inconveniente una salida masiva de capitales.
La nueva facilidad de recompra, por ejemplo, está dirigida al sector oficial y su acceso depende del Banco Popular de China. Es útil, pero no equivale todavía a un mercado abierto y automático disponible para todos los participantes.
Existe además una contradicción económica. China mantiene enormes superávits comerciales. Eso significa que recibe del exterior más divisas de las que suministra. Estados Unidos, en cambio, ha proporcionado durante décadas dólares y activos seguros al resto del mundo mediante sus déficits exteriores y la profundidad de sus mercados.
China intenta resolver ese problema exportando renminbi a través de sus bancos, inversiones internacionales y préstamos. Es una vía posible, pero más administrada y dependiente de decisiones políticas.
No sustituir al dólar, sino crear un segundo circuito
El escenario más probable no es que el renminbi desplace al dólar como moneda dominante. Es la aparición de un sistema monetario más fragmentado.
El dólar seguirá ocupando el centro de los mercados financieros globales, pero el renminbi puede ganar terreno en determinados corredores: comercio entre China y Asia, importaciones de materias primas, financiación de proyectos, operaciones con países sujetos a sanciones y transacciones dentro de la iniciativa de la Franja y la Ruta.
En ese contexto, una moneda no necesita convertirse en la principal reserva mundial para adquirir relevancia estratégica. Basta con que un número creciente de empresas pueda comerciar, financiarse y liquidar pagos fuera del circuito del dólar.
Qué implica para las empresas europeas
Para una empresa industrial, aceptar o utilizar renminbi puede ofrecer ventajas cuando existe una exposición natural a China: compras recurrentes, ventas locales, inversiones, tesorería o financiación de proveedores.
Pero la moneda de facturación no elimina necesariamente el riesgo económico. Un proveedor chino puede cotizar en yuanes y seguir ajustando sus precios en función del dólar, de las materias primas o de sus costes de importación. Por ello, conviene analizar el coste total y no solo el tipo de cambio visible en el contrato.
Las empresas deberían valorar especialmente:
- Si pagar en renminbi permite obtener mejores precios o condiciones del proveedor.
- Si existen ingresos en la misma moneda que proporcionen una cobertura natural.
- Qué coste tienen los seguros de cambio y cuál es su liquidez durante todo el plazo contractual.
- Si la operación utiliza renminbi continental —CNY— u offshore —CNH— y qué diferencias pueden aparecer entre ambos mercados.
- Qué garantías existen para convertir y repatriar los fondos.
- Qué banco y qué sistema de compensación intervienen en la operación.
- Si la financiación en yuanes conserva su ventaja después de cubrir el riesgo de cambio.
La conclusión no es que las empresas deban abandonar el euro o el dólar. Es que el renminbi empieza a convertirse en una alternativa operativa que merece incorporarse a la gestión de compras, tesorería y financiación.
La verdadera prueba llegará en la próxima crisis
China ya ha demostrado que puede aumentar el uso internacional de su moneda mediante su comercio, sus bancos y su influencia económica. Ahora está intentando convertir ese uso en demanda de activos.
Pero una moneda de reserva no se consolida cuando todo funciona bien. Lo hace cuando, en una crisis, sus bonos pueden venderse, financiarse, utilizarse como garantía y cubrirse sin dudas ni autorizaciones extraordinarias.
El renminbi está dejando de ser exclusivamente una moneda china para convertirse en una moneda comercial y financiera internacional. El último salto —transformarse en un activo que el mundo quiera conservar— dependerá menos del tamaño de China que de la confianza que genere su sistema.
Y esa confianza no puede imponerse mediante una decisión administrativa. Debe ganarse permitiendo que los inversores entren, operen y, sobre todo, puedan salir.
Fuentes: Financial Times, Alicia García-Herrero —economista jefe para Asia-Pacífico en Natixis e investigadora sénior de Bruegel—, “The renminbi’s hardest leg is only now beginning”; Fondo Monetario Internacional, Currency Composition of Official Foreign Exchange Reserves, primer trimestre de 2026; SWIFT, RMB Tracker 2026; Banco Popular de China y BIS, discurso de Pan Gongsheng en el Foro de Lujiazui; Gobierno de Shanghái, evolución del sistema CIPS; HKEX, lanzamiento de los futuros sobre bonos del Gobierno chino; CMU OmniClear y HKMA, infraestructura de liquidación y conexión con SIX; Reuters, crecimiento de los mercados panda y dim sum y refuerzo de la conexión financiera entre China y Hong Kong.
Fuente: eric-prouzet-mt3vM3rRORo-unsplash
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