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2023, la permacrisis

La clave:

  • El término ‘permacrisis’ hace referencia a “un periodo prolongado de inestabilidad e inseguridad”

  • Los países se enfrentan a riesgos muy complejos e interconectados en un momento en el que “el mundo ha dejado de ser como era”, dicen los expertos

  • Los efectos de la tensión entre Estados Unidos y China se reparten por todo el mundo y se traducirán en menor crecimiento global

 

Fue un político conservador inglés con gran capacidad oratoria el que acuñó uno de los peores diagnósticos que se le puede dar a una economía: estanflación. Define un episodio de elevada inflación y poco crecimiento (o incluso negativo). “Tenemos lo peor de ambos mundos”, proclamó Iain Macleod en 1965. Después de muchos años sin mencionarse, la estanflación ha regresado: Europa seguramente la sufrirá en 2023.

Si este término se creó para definir algo que no se había vivido, ahora la realidad obliga a hacer lo mismo para un mundo enfrentado a múltiples desafíos, todos ellos interconectados –y por lo tanto más complejos de gestionar–, nublado por la incertidumbre, la inestabilidad, una guerra en Europa y con una permanente sensación de emergencia. El vocablo que resume todo esto es: ‘permacrisis’ y ha sido elegida como palabra del año para el diccionario Collins. Así consta en su definición:

“Permacrisis: un período prolongado de inestabilidad e inseguridad, especialmente resultante de una serie de eventos catastróficos”.

“El término encarna perfectamente la vertiginosa sensación de dar tumbos de un evento sin precedentes a otro, mientras nos preguntamos sombríamente qué nuevos horrores podrían estar a la vuelta de la esquina”, resume el editor y escritor inglés David Shariatmadari.

“Lo que estamos viviendo son sucesos desconocidos y tan infrecuentes que no los teníamos incorporados al manual de instrucciones. Lo que más me preocupa es que pase algo no anticipado, porque si son shocks conocidos, más o menos podemos lidiar. Además, hemos aprendido cosas: no volver a las recetas de la austeridad en esta crisis”, apunta Matilde Mas, catedrática emérita de la Universitat de València y directora de proyectos internacionales del Ivie.

Hay señales de esa permacrisis por todas partes. “Lo que quizás define más el entorno actual es el elevado grado de incertidumbre y un contexto internacional donde las tensiones geopolíticas han vuelto al centro del escenario”, apunta Caixabank Research en su último informe. Este año este nivel de riesgo ha superado cotas que no se veían desde 2001 y 2003.

No hay análisis económico que no tenga en cuenta el factor geopolítico. Esto es relativamente nuevo y tiene una explicación. “Hasta hace menos de una década, bajo un único orden unipolar, había poco margen para la sorpresa con Washington controlando el cetro del poder. Esto empieza a cambiar, vamos hacia un sistema de bloques y se traduce en el auge de nuevas divisas, contrapoderes, mayor inestabilidad regional…”, expone Aleix Amorós, analista geopolítico. “Los cimientos se están moviendo”, resume otro experto.

La permacrisis lo engloba todo: modelos económicos, valores, orden geopolítico, internacional, cambio climático, tecnológico, visitas de fantasmas del pasado como la inflación… Estamos ante una crisis de muchas cosas a la vez.

Geopolítica al poder

En el terreno de la geopolítica China emerge como el verdadero gigante para el que lleva preparándose desde hace años. “El modelo occidental ha llegado a su fin y ahora China lo está cuestionando”, explica un analista. “Las tensiones de la rivalidad entre Estados Unidos y China se reparten por todo el mundo”.

Históricamente la rivalidad entre potencias siempre ha tenido un impacto en el resto. “Es verdad que en las últimas décadas de liberalismo se invisibilizó un poco. Había una primacía de la economía sobre la política internacional. Pero ahora ya vemos ciertas reacciones como el concepto de industria estratégica o la necesidad de proteger el desarrollo tecnológico“, afirma Iliana Olivié, investigadora principal en Real Instituto Elcano y profesora en la Universidad Complutense de Madrid. “La globalización lleva entre cinco y siete años parada. Estamos en una especie de meseta. ¿Cuánto durará? Me cuesta mucho aventurarlo”.

Algunos creen que no se tuvo olfato para ver lo que estaba ocurriendo. “Esto lleva jugándose desde hace tiempo. Hace años se menospreciaba a China porque se decía que eran los que copiaban, los del ‘Todo a 100’, pero es que lo copian todo, hasta el I+D. Están buscando competir con la tecnología americana cuerpo a cuerpo”, apunta Matilde Mas.

La nueva guerra fría se resume en los chips y el Gobierno de Joe Biden ya la ha declarado. “Siempre se ha pensado que el país más poderoso es el que vence, pero la supremacía está en la tecnología“, explica un experto en relaciones internacionales.

 

Los otros shocks

La llegada del covid puso de relieve los peligros de la globalización, depender tanto del exterior. Con la herencia todavía de la pandemia a cuestas llegó un nuevo baño de realidad: la guerra en Ucrania nos hizo darnos cuenta del factor energía.

Llevábamos dos décadas centrándonos en la tecnología y el crecimiento. Nos olvidamos de apuntalar y diversificar el suministro energético –motor de toda sociedad–“, argumenta Amorós. “El cambio climático y las disputas hídricas irán a más, también el endeudamiento de los Estados. Y este año, se le suma la inflación, una nueva vuelta de tuerca”.

Los modelos económicos calibraron mal la evolución de los precios. Después de décadas con un IPC bajo, una inflación disparada parecía una anomalía transitoria. Nada más. “La duración de esta alteración es un mensaje de que el sistema está cerca de un cambio brusco, pero esto los modelos de equilibrio no lo pueden captar”, explica Anxo Sánchez, investigador de sistemas complejos y profesor de Matemáticas en la Universidad Carlos III de Madrid.

El error de cálculo del Banco Central Europeo (BCE) se ha traducido en la subida de tipos más vertiginosa de la historia del euro. Las economías europeas tienen que digerir todavía la montaña de deuda pública que generó la pandemia con una política monetaria más restrictiva. Habrá que ver cómo se las arreglan los países europeos sin esa respiración asistida del BCE. La resiliencia de los hogares se pondrá a prueba con la subida de los precios y de revisión de las hipotecas. Tratar de atajar una crisis parece generar otro problema en otro sitio.

El filósofo francés Edgar Morin utiliza la palabra ‘policrisis’ para describir esta situación. Sostiene que el mundo es una red de sistemas conectados y que cualquier problema en uno de ellos engendra una crisis en todos los demás.

“Esto no tiene por qué ocurrir siempre. Depende de cómo estén conectados los sistemas”, matiza Sánchez. “Pero es posible que, si hay suficientes conexiones, la caída de uno provoque la de todos como si fueran fichas de dominó”. Lo que sí parece claro es que, a la hora de analizar los riesgos, hay que tener en cuenta las retroalimentaciones entre los problemas. Cambio climático, sequía y movimientos migratorios, por ejemplo. Inflación, malestar social y polarización política…

 

¿Qué más puede pasar?

El año que viene nos espera un poco más de lo mismo. Gestionar todas estas ecuaciones es tremendamente complejo. “Dentro de la propia Unión Europea existen distintas visiones sobre potencias como Rusia y China. Estas tensiones se juegan en terreno propio”, señala Olivié.

El propio sistema occidental está en cuestión, apuntan los expertos en geopolítica que señalan la polarización en Estados Unidos, un fenómeno que se va extendiendo a otros países avanzados. Está por ver cómo pasará Europa el próximo invierno sin el gas ruso. Si realmente se gana la batalla a la inflación sin provocar una gran recaída económica… Da la sensación de que lo peor no queda atrás.

El contexto condiciona también la capacidad de los gobiernos para responder a estos problemas estructurales. “Y eso a su vez genera tensiones tanto internas como externas”, argumenta Aleix Amorós. “El mundo está dejando de ser como era y es muy difícil saber cómo va a evolucionar. Las empresas deberían enfocarse en ganar resiliencia. Todavía es pronto para ver cómo salimos de esta crisis. Hay que esperar un tiempo para tomar grandes decisiones”, opina un analista.

El modo sobresalto no nos abandona. “Están todos los elementos para que se sigan produciendo convulsiones en los próximos años y décadas”, valora Olivié. Hacía falta inventar el término permacrisis para resumir lo que nos pasa en una palabra.

 

Fuente: Rebeca Gimeno- NIUS

Foto: owen-cannon- Unsplash

 

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