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¿Cómo interpretamos el desplome de los precios de las materias primas?

Las claves

● 🟢 Ventana táctica de oportunidad
En apenas dos sesiones, el mercado global de materias primas ha vivido un vuelco que pocos tenían en su hoja de ruta: el oro se ha dejado alrededor de un 9%, la plata más de un 13% en la sesión del lunes tras haber caído hasta un 27% en su peor día, el petróleo ha corregido casi un 5,5% desde máximos de varios meses y el cobre de la LME ha cedido en torno a un 5%. Esta caída sincronizada, alimentada por ventas masivas tras la elección de Kevin Warsh como próximo presidente de la Fed y por subidas de márgenes en futuros de metales, ha pinchado de golpe la burbuja especulativa acumulada en muchas materias, abriendo una ventana táctica de compra para empresas industriales que aún no habían cerrado sus coberturas.

● 🟡 Riesgo financiero y volatilidad extrema
El movimiento no nace de un colapso de la demanda física, sino de un giro brusco en expectativas financieras: Warsh es percibido como claramente agresivo (“hawkish”), el dólar se fortalece, los tipos se esperan altos durante más tiempo y los inversores reducen exposición a activos de riesgo, desde acciones hasta metales preciosos y commodities industriales. La subida de márgenes de CME en futuros de metales actúa como gasolina sobre el fuego, obligando a muchos participantes apalancados a liquidar posiciones y desencadenando una venta acelerada que amplifica el movimiento y deja al mercado en un estado de volatilidad que puede jugar tanto a favor como en contra del comprador industrial.

● 🔴 No es el final del ciclo de materias primas
Debajo de este ajuste violento siguen intactas varias fuerzas estructurales: la transición energética, la electrificación masiva, la inversión insuficiente en nueva capacidad minera y energética, y la presión regulatoria y climática sobre sectores intensivos en CO₂. Los grandes análisis para 2026 apuntan a un escenario de normalización desde los máximos de los últimos años, pero con precios aún por encima de los niveles pre‑pandemia y con un “suelo alto” especialmente en metales críticos y energía; la corrección actual parece más una purga financiera que un cambio de paradigma a precios permanentemente bajos.

El viernes que cambió el tablero: qué ha pasado realmente

El viernes por la tarde, muchos jefes de compras cerraron la semana mirando pantallas en rojo oscuro: oro y plata en máximos, petróleo encadenando subidas, cobre coqueteando con niveles incómodos para cualquier presupuesto industrial. El lunes, al volver a la oficina, el paisaje había cambiado de forma drástica: en dos sesiones, el mercado global de materias primas se había dado la vuelta como un calcetín.

Reuters sintetiza bien el shock: los mercados de materias primas “se desplomaron” el lunes, arrastrados por fuertes pérdidas en oro, plata, petróleo y metales industriales tras la elección de Kevin Warsh como próximo presidente de la Fed, que desencadenó una oleada de ventas de activos de riesgo y hundió los metales preciosos por segunda sesión consecutiva. El oro llegó a caer un 9% hasta mínimos de más de dos semanas, la plata más de un 13% en la sesión, y el petróleo retrocedió casi un 5,5% desde máximos de varios meses, mientras el cobre caía casi un 5%.

La magnitud del movimiento no se veía desde 1983 en el caso del oro, con una caída diaria superior al 9%, y con la plata sufriendo la mayor caída diaria de la serie, en torno al 27% en su peor jornada. No es una corrección ordenada: es una sacudida que ha saltado de los terminales de trading a las hojas de cálculo de presupuestos industriales.

Metales preciosos: del refugio perfecto al pánico vendedor

Hace apenas unos días, el relato sobre los metales preciosos parecía sólido: inflación todavía elevada, tensiones geopolíticas, dudas sobre el crecimiento y compras de bancos centrales daban soporte a nuevos récords en oro y plata. Ese relato se ha roto en tiempo récord.

El oro ha sufrido lo que Reuters describe como la mayor caída diaria desde principios de los ochenta, y la plata se ha hundido todavía más, en un movimiento que muchos operadores califican de “cascada de stops” típica de un mercado saturado de posiciones largas apalancadas. La clave no es que, de repente, el mundo confíe más en el futuro; la clave es que el coste de oportunidad de mantener un metal que no rinde nada sube cuando los tipos reales que ofrece el dólar parecen ir a más.

Vivek Dhar, estratega de materias primas del Commonwealth Bank of Australia, lo resume de forma muy gráfica: el hecho de que los mercados hayan decidido vender metales preciosos “junto con” las acciones estadounidenses sugiere que los inversores ven a Warsh como un perfil agresivo, es decir, alguien dispuesto a mantener tipos altos durante más tiempo para contener la inflación. En ese escenario, el oro deja de ser la estrella indiscutible y se convierte en una posición incómoda cuando hay que liberar liquidez.

Para la industria, el mensaje es doble. Por un lado, quienes utilizan oro o plata en componentes electrónicos, conectores o procesos específicos pueden encontrarse, en cuestión de semanas, con proveedores dispuestos a negociar condiciones mejores que las de hace muy poco tiempo. Por otro, es un recordatorio de que los precios a los que se firmaron algunos contratos hace sólo un mes respondían tanto a fundamentos como a un impulso financiero que, como se ha visto, puede esfumarse de golpe.

Energía: un respiro en un mercado que sigue en tensión

El petróleo ha sido otra de las víctimas de este shock. Después de encadenar varias semanas de subidas apoyadas en tensiones geopolíticas y restricciones de oferta, el crudo ha recortado casi un 5,5%, alejándose de los máximos recientes. Pero la lógica aquí es distinta a la de los metales preciosos.

Por la parte política, los mensajes más conciliadores entre Estados Unidos e Irán han rebajado el temor a una escalada en el Estrecho de Ormuz, uno de los chokepoints más sensibles del sistema energético mundial. Que las fuerzas navales iraníes no tengan previsto realizar maniobras con fuego real en la zona se interpreta como señal de desescalada, y esa prima de riesgo se diluye en el precio.

Por la parte económica, el factor clave vuelve a ser la Fed: una política monetaria más estricta enfriará, tarde o temprano, la demanda de productos energéticos al ralentizar la actividad y el consumo. Natixis CIB proyecta un Brent medio en torno a 62 dólares por barril en 2026, con un mercado que ha pasado de la obsesión por la falta de oferta a un escenario de sobreabastecimiento “aparente” de aproximadamente 1,8 millones de barriles diarios, parte de los cuales van a llenar inventarios de la OCDE.

Sin embargo, esa aparente comodidad tiene trampa. El mismo análisis subraya que la OPEP está lista para actuar si las existencias de la OCDE se disparan, que China seguirá comprando crudo para sus reservas estratégicas y que la producción estadounidense, sobre todo la de productores privados, muestra signos de fatiga. Morgan Stanley añade que los mercados de energía entran 2026 “en un cruce de caminos”: abundancia relativa a corto plazo, pero con la transición energética reordenando inversiones, riesgos y márgenes de manera profunda.

Para la empresa industrial, el resultado es un respiro potencial en costes de energía –con impacto en combustibles, electricidad y, más adelante, en costes logísticos–, pero no una vuelta al petróleo barato y predecible de otras décadas.

Metales industriales: la corrección de un protagonista incómodo

Si hay una materia prima que ha aprendido a convivir con los titulares en los últimos años, es el cobre. Es el metal de la electrificación, de las redes, de los vehículos eléctricos y, ahora también, de los centros de datos que alimentan la economía digital.

El desplome de estos días ha arrastrado al cobre en la LME a caídas cercanas al 5%, acompañado de correcciones significativas en otros metales industriales. De nuevo, la nueva narrativa de tipos altos y dólar fuerte pesa sobre el apetito por activos cíclicos, y muchos inversores prefieren materializar beneficios después de un rally intenso.

Sin embargo, los análisis estructurales dibujan un cuadro diferente al de un ciclo bajista clásico. El informe de temas clave de Natixis para 2026 plantea precios de cobre moderándose, pero manteniéndose en el entorno de 10.800‑11.000 dólares por tonelada, niveles elevados por estándares históricos. BloombergNEF recuerda que, con los planes actuales de inversión, el mercado de cobre se encamina hacia déficits recurrentes en la segunda mitad de la década, alimentados por la expansión simultánea de redes, renovables, vehículos eléctricos e infraestructuras digitales.

El mensaje implícito es incómodo para presupuestos ajustados: la caída actual alivia, pero no redefine el escenario. Un jefe de compras que mire al horizonte 2026‑2030 no puede construir su plan sobre la esperanza de un cobre barato; como mucho, podrá aprovechar respiros como el actual para fijar precios razonables en un contexto estructuralmente caro.

Plásticos y polímeros: un mercado agotado que busca su suelo

Mientras los titulares se concentran en oro, petróleo y cobre, los compradores industriales de polímeros observan la escena con una mezcla de déjà vu y fatiga. En Europa central, los precios de resinas estándar ya venían mostrando signos de debilidad o de estancamiento antes de esta sacudida general.

Los datos de PlasticPortal para la segunda semana de 2026 muestran, por ejemplo, un HDPE para soplado en torno a 962 €/t (‑24 €/t), HDPE film en 989 €/t (‑8 €/t), PP homopolímero Raffia en 937 €/t (‑44 €/t), mientras que otros grados, como GPPS o HIPS, mantenían precios prácticamente planos. Los informes de Plasteurope hablaban de un inicio de año con demanda floja, negociaciones difíciles y muchas referencias en “rollover”, con algunos estirénicos incluso subiendo ligeramente, pero con la sensación generalizada de que el mercado estaba cerca de un “piso” de precios para varias calidades.

En este contexto, la caída del crudo y de la nafta introduce un componente adicional de presión a la baja sobre los costes de producción, pero la cuestión ya no es sólo el coste de la materia prima, sino la capacidad de los productores europeos para seguir operando con márgenes tan comprimidos. Si la debilidad de la demanda se prolonga, el escenario lógico es la destrucción de capacidad, con cierres de plantas y consolidación del sector, algo que puede devolver rápidamente poder de negociación a los proveedores y tensionar de nuevo los precios a medio plazo.

Para compras, el equilibrio es delicado: aprovechar el contexto actual para mejorar condiciones y asegurar suministro a precios bajos, pero sin olvidar que, si se empuja demasiado, la reacción de la oferta puede cambiar el tablero en un par de años.

 

Causas de fondo: la tormenta perfecta de dinero caro, márgenes y geopolítica

Detrás de la volatilidad de estos días, convergen tres grandes vectores.

Primero, la política monetaria. La elección de Warsh como próximo presidente de la Fed ha sido interpretada como un mensaje claro: prioridad absoluta a la lucha contra la inflación, aunque eso suponga mantener tipos altos durante más tiempo. Esa expectativa fortalece el dólar, hace menos atractivos los activos sin rendimiento y obliga a recalibrar carteras de riesgo, incluidas posiciones en materias primas.

Segundo, el efecto técnico de los márgenes y el apalancamiento. CME Group ha elevado márgenes en futuros de metales justo en medio de la tormenta, forzando a muchos operadores a cerrar posiciones para no aportar más garantías. En mercados con una fuerte presencia de fondos apalancados, este tipo de decisiones actúa como detonante de ventas en cascada, con caídas muy superiores a lo que justificarían los cambios en oferta y demanda física.

Tercero, la geopolítica. La aparente desescalada entre Estados Unidos e Irán ha recortado una parte importante de la prima de riesgo incorporada al precio del crudo en las últimas semanas, mientras que algunos frentes geopolíticos se han movido desde el terreno de la amenaza inmediata al de la tensión crónica. Esa transición basta para enfriar, al menos temporalmente, las expectativas más extremas sobre suministro.

El resultado es un ajuste que tiene tanto de reordenación de percepciones financieras como de revalorización de riesgos físicos.

 

¿Corrección pasajera o giro de ciclo? Lo que dicen los expertos

La pregunta obvia es si estamos ante el principio de un ciclo bajista prolongado o simplemente ante un reseteo violento dentro del mismo régimen de precios altos y volátiles.

Vivek Dhar pone el dedo en la llaga: “la cuestión crucial es si esto marca el inicio de una caída estructural en los precios de las materias primas o simplemente una corrección”. Su respuesta, compartida por buena parte de la comunidad de analistas, es que estamos ante una corrección –y, de hecho, una oportunidad– más que ante un cambio fundamental de tendencia.

Natixis sostiene que las materias primas seguirán en el centro del mapa macro en 2026, con un Brent medio en 62 dólares, precios de cobre aún en los cinco dígitos por tonelada y un entorno en el que la OPEP, China y la producción estadounidense se reparten el pulso de los precios del crudo. Morgan Stanley y otros gestores señalan, además, que tras varios años de ajuste y volatilidad, el conjunto del complejo de commodities entra en 2026 con cierto optimismo, apoyado en la combinación de estabilidad relativa en energía y demanda incremental derivada de la transición energética.

El Banco Mundial, por su parte, habla de un descenso acumulado del índice de materias primas en los últimos años, pero insiste en que, pese a esa moderación, los precios siguen por encima de niveles pre‑COVID y que la debilidad del crecimiento global no basta por sí sola para devolverlos a esos estándares. En otras palabras: menos vértigo, pero no necesariamente calma.

 

Qué hacer desde compras

En este entorno, la caída de estos días no es un espectáculo ajeno: es una invitación a revisar estrategias.

Aprovechar la ventana sin perseguir el mínimo. Para materias estructuralmente tensas –cobre, aluminio, algunas energías–, los niveles actuales pueden ser un buen punto de entrada para cerrar una parte de las necesidades de 2026‑2027 mediante contratos o coberturas, combinando tramos a precio fijo y posiciones indexadas. El objetivo no es adivinar el suelo, sino reducir la exposición a rebotes violentos como los que se han visto en años recientes.

Integrar la lectura macro en la gobernanza de compras. El episodio Warsh demuestra que la política monetaria y el dólar pesan tanto como China o la OPEP en la ecuación de costes. Incorporar a finanzas y a expertos externos en un comité de riesgo de materias primas, trabajar con escenarios y establecer umbrales de actuación (por ejemplo, “si el cobre cae un X % y se cumplen estas condiciones, lanzamos coberturas”) deja de ser un lujo y pasa a ser una defensa básica.

Reforzar la diversificación y la flexibilidad. En metales industriales y plásticos, diversificar proveedores, regiones y, cuando sea posible, materiales (sustitución parcial, rediseño de producto) se vuelve una palanca tan importante como la propia negociación del precio. En polímeros, usar el contexto actual para negociar condiciones y servicios sin olvidar el riesgo de cierres de capacidad puede marcar la diferencia entre estar atrapado en un mercado tenso o contar con alternativas cuando el péndulo vuelva al otro lado.

Al final, la lección que dejan estos días es sencilla de expresar y difícil de aplicar: la volatilidad ya no es un accidente, es el medio en el que la función de compras va a operar durante años.

 

Fuentes: Reuters, MarketScreener, Natixis CIB, Morgan Stanley, BloombergNEF, PlasticPortal, Plasteurope/PIE , Vivek Dhar y Javier Blas

Foto: oren-elbaz-vfLZeuFi1BY-unsplash

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