La creciente tensión geopolítica en Oriente Medio vuelve a situar la energía y las cadenas logísticas en el centro de las preocupaciones económicas globales. En este contexto, El Diario Vasco publicaba este domingo un amplio reportaje titulado “La subida de precios por la guerra amenaza a la industria y los consumidores”, en el que recoge la opinión de distintos expertos del ámbito económico e industrial de Gipuzkoa sobre las posibles consecuencias del conflicto.
Entre las entidades consultadas se encuentra ATEGI, como empresa especializada en compras, aportando análisis sobre cómo este tipo de shocks geopolíticos pueden trasladarse no solo al mercado energético, sino también a la logística internacional y, en última instancia, al funcionamiento de la industria.
Tal y como explica Amaia Ramos, directora general de ATEGI, los sistemas energéticos y logísticos globales cuentan con cierta capacidad de absorción ante episodios de tensión si estos se resuelven rápidamente:
“Si la tensión se resuelve en días o pocas semanas, el sistema energético y logístico global suele absorber el choque”.
En este sentido, Ramos destaca que parte de la industria está logrando amortiguar el impacto inicial de la volatilidad energética gracias a las estrategias de compra implantadas en los últimos años:
“La industria vasca está amortiguando el impacto inmediato gracias a los contratos de largo plazo en logística y a las coberturas energéticas”.
No obstante, advierte de que el riesgo aumenta si la situación se prolonga o afecta a las principales rutas comerciales internacionales.
“El principal riesgo para la industria es la fiabilidad de los plazos de entrega”.
En este contexto, el reportaje recuerda la importancia estratégica del transporte marítimo internacional y de puntos críticos como el estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial. Una eventual escalada en esta zona podría generar tensiones en la logística global y retrasos en las cadenas de suministro.
Por ello, desde ATEGI se subraya que la evolución del conflicto será clave para determinar su impacto real sobre la economía.
“Si el escenario se prolonga durante semanas o meses podría darse un cambio de escenario: dejaría de ser únicamente geopolítico y pasaría a tener consecuencias económicas directas para las empresas”.
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